LUNES 27 DE JUNIO DEL 2005 / EDICION No. 23853 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





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Reportajes especiales
Piernas de migrantes
bajo ruedas de la “bestia de acero”


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. El Albergue Jesús el Buen Pastor, es el único lugar en México donde se atiende a migrantes que sufren amputación por ferrocarriles, lesiones por accidentes automovilísticos, asaltos y violaciones. Olga Sánchez Martínez, coordinadora y fundadora de ese albergue, hace de todo para ayudar a los migrantes

Manfredo Antonio Romero, es curado de su herida en el Albergue Jesús el Buen Pastor, de Tapachula.

 

Juan de Dios García Davihs
CORRESPONSAL CHIAPAS, MÉXICO

Con veintidós puntos de suturación en la cabeza y la pierna derecha mutilada, el migrante nicaragüense Mamfred Antonio Romero López, de 21 años, se recupera de sus heridas en el Albergue Jesús el Buen Pastor, de esta ciudad, luego que el pasado 17 de mayo un accidente en el ferrocarril truncó sus aspiraciones de conquistar el “sueño americano”.

Taciturno, recordó el fatídico día del percance que ahora lo mantiene postrado en un camastro a miles de kilómetros de su patria y familia: “Iba sentado arriba de un vagón, cuando un niño me dijo que le agarrara una botella con agua para que subiera a donde yo estaba, al pararme, la rama de un árbol me golpeó en la cara, me fui de espalda”.

“No me acordaba de nada, me salvé de milagro. En la cabeza me pusieron 22 puntos, dos en la cara y me tuvieron que amputar la pierna derecha porque me la destrozó el tren”, relata el joven migrante, quien a pesar de todo no pierde las esperanzas de ir a Estados Unidos.



¿Quién te ayudó?

Me dicen que unas personas de la comunidad donde fue el accidente. No hay amigos en el viaje; algunos tienen el pensamiento de que se les va Estados Unidos y no se bajan del ferrocarril, no les importa ver a un compañero tirado, sería para ellos un atraso en su viaje”, dice con tono de resentimiento.

Con la ilusión de llegar a Estados Unidos, Romero López salió de Chichigalpa, departamento de Chinandega, Nicaragua, en enero del 2004. Durante un año trabajó en la capital de Guatemala y con el dinero que juntó, decidió emprender el “sueño americano”.

Sin contratiempo, abordó el ferrocarril en ciudad Hidalgo, población fronteriza con Guatemala, y en la comunidad Mojarras, perteneciente al municipio de Tonalá, la rama de un árbol lo golpeó y lo tiró del ferrocarril en marcha.

“Mi meta era llegar a Houston. Desde niño quise hacer este viaje, quería conocer otros países, pero ahora ya no podré”, dice sin poder contener las lágrimas. Con sus manos cubre su rostro, junto a él otros inmigrantes mutilados escuchan por enésima ocasión el dramático relato.

UN GUATEMALTECO

En el Albergue Jesús el Buen Pastor, único lugar en México donde se atienden a migrantes que sufren amputación por el ferrocarril, lesiones por accidentes automovilísticos, asaltos y violaciones, también se encuentra Regino Tay Acpacachá, de 30 años de edad, originario de la aldea Chicacao, Mazatenango, Guatemala.

Un poco reservado, cuenta que su accidente se registró en el mes de mayo del presente año, en Tierra Blanca, Veracruz, cuando en forma infructuosa intentó subirse al ferrocarril en movimiento.

“El tren iba dando vuelta en una curva, salté para abordarlo pero me jaló hacia adentro, las ruedas destrozaron mi pierna derecha”, cuenta mientras contiene las lágrimas.



¿A dónde ibas?

A Estados Unidos. Quería ayudar a mi papá Miguel Tay a construir su casa, y poner un negocio. En mi pueblo trabajaba de ayudante de albañil y los 200 pesos que me pagaban no me alcanzaban.

En el albergue, donde actualmente hay casi medio centenar de migrantes amputados por el ferrocarril y lesionados (entre ellos dos mujeres) de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, llega un nuevo inquilino, el guatemalteco Oscar Franco Franco, quien el 16 de junio cumplió 18 años de edad.

Acompañado de la fundadora y coordinadora del albergue, Olga Sánchez Martínez, quien siempre viste de blanco y porta un Rosario en su cuello, el recién llegado observa al resto de los jóvenes que carecen de algunas partes de sus miembros, como piernas y brazos.

Para los que están ahí no es una sorpresa la llegada de otra persona. Es una víctima más de la “bestia de acero”, nombre con el cual los indocumentados llaman al ferrocarril.

El migrante, de esbelta figura y rostro de niño, sufrió la amputación de su brazo y pierna izquierda al intentar subir a la “bestia”.

UN CAPRICHO LE COSTÓUN BRAZO Y UNA PIERNA

¿Por qué saliste de tu país?

Por un capricho. Tuve una discusión con mi abuela Rosa Hermelinda Mejía, y me fui de la casa, iba sin saber qué rumbo seguir. Vivía en la capital, de ahí viajé hasta Tecún Umán —localidad fronteriza con el municipio de Suchiate, México—, crucé el río caminando y en una comunidad que se llama Rayón, trabajé una semana en una bananera, donde me pagaron 200 pesos.

Oscar Franco recuerda con tristeza que el 21 de mayo decidió emprender la peligrosa aventura, sin imaginar la tragedia.

“Recuerdo que eran las 12:00 del día cuando fue el accidente, porque vi la hora en un reloj que llevaba en mi mano derecha”, relata mientras la samaritana —Olga Sánchez— le cura con sumo cuidado las heridas de la amputación de su pierna y le regala palabras de amor y consuelo para cicatrizar las heridas del corazón.

“Caminé unas horas por las vías del tren, cuando oí que venía, lo esperé, al querer subirme perdí el dominio y fue ahí cuando me jaló mi pierna y machucó mi mano, no sentí dolor en el tiempo que estuve tirado”, recuerda.

Refiere que dos personas lo auxiliaron y llamaron a la Cruz Roja Mexicana, que lo trasladó hasta el hospital regional de esta ciudad.

“Perdí mucha sangre, no quería cerrar mis ojos porque tenía miedo de no despertar”, expresa Oscar Franco, quien estudiaba el tercer año de secundaria en el Colegio Mixto José Martí, de la zona 5.

ESPERA CONSEGUIR PRÓTESIS

¿Qué piensa hacer ahora?

Voy a esperar, a ver si me consiguen mi prótesis, quiero regresar a Guatemala a pedirle perdón a mi abuela y a compartir mi testimonio con las demás personas, que no viajen porque es peligroso, pueden morir o perder alguna parte de sus miembros.

En el Albergue Jesús el Buen Pastor, los migrantes salvadoreños Jorge Nelson Quintanilla López, de 37 años de edad; Wilbert Antonio Meléndez, de 23 años; y los guatemaltecos José de Jesús García, de 24 años, y José Abraham Bicult Simac, de 26 años, convalecen de la pérdida de sus extremidades.

Wilbert Antonio Meléndez, originario de la colonia Limón, Soyapango, prefiere abstenerse de dialogar con LA PRENSA.

Mientras que el guatemalteco José de Jesús García cuenta que su accidente se registró la noche del 15 de marzo, cerca del municipio de Huixtla, al caerse del tren en movimiento cuando viajaba con destino a Estados Unidos.

Bicult Simal, también de Guatemala, se accidentó el pasado 19 de febrero, en la ciudad de Ixtepec, Oaxaca, a más de 200 kilómetros de la frontera de México con Guatemala, cuando intentó subirse al ferrocarril en marcha.

LAS FRÍAS ESTADÍSTICAS DE LA MUERTE

De acuerdo a estadísticas del Grupo de Protección al Migrante Beta Sur, en el año 2003, 25 migrantes sufrieron la amputación de sus miembros en esta frontera sur de México y 17 perdieron la vida en accidentes ferroviarios, automovilísticos, asesinados por mareros o delincuentes al oponerse a ser asaltados, ahogados y por muerte natural.

En tanto que en el 2004 se reportó a 53 indocumentados centroamericanos mutilados y 18 muertos, y de enero a mayo del presente año la dependencia federal reportó el deceso de 18 “sin papeles” y 31 amputados, de origen guatemalteco, hondureño, salvadoreño y nicaragüense.

Así como un total de 392 lesionados del 2003 a mayo del 2005, ya sea por asalto, accidentes automovilísticos o ferroviarios.

El Albergue Jesús el Buen Pastor se sostiene de la caridad de la gente y vendiendo cojines que los mismos migrantes bordan, así como de la venta de pan, explica la coordinadora y fundadora, Olga Sánchez Martínez, galardonada el pasado 10 de enero por el presidente Vicente Fox con el Primer Premio Nacional de Derechos Humanos.

Actualmente viven en una casa prestada que ya le fue solicitada por el dueño, y trabajan a marcha forzada en la edificación de lo que será el nuevo albergue.

EL REFUGIO

Olga Sánchez Martínez explicó que este refugio se está construyendo con recursos de un donativo de 100 mil dólares que otorgó el Gobierno de Canadá a través del coordinador del Fondo Canadá para iniciativas locales en México, pero el monto del proyecto es de 2 millones 600 mil pesos.

“Estamos viviendo en una situación de pobreza, porque también tenemos que alimentar y proporcionar medicamentos a los migrantes que se encuentran en el albergue y los que van llegando, así como sus prótesis”, indicó Sánchez Martínez, al solicitar el apoyo de las personas caritativas.

“Necesitamos más ayuda de la gente, estamos en una frontera con Centroamérica, de donde a diario emigran miles de personas y muchas de ellas caen del ferrocarril, son lesionadas en asaltos o accidentes”, señaló la buena samaritana.

Refirió que su sueño es ofrecer a los migrantes que sufren algún percance en su viaje a Estados Unidos, un lugar digno, que cuente con dormitorios, cocina, una farmacia, un consultorio, sala de curaciones, de televisión, un comedor digno, una capilla, un gimnasio, una cancha deportiva, alberca, áreas verdes y una sala de recepción.

Señaló que en la edificación del albergue participa un grupo de migrantes que perdieron sus piernas y brazos, hombres que dejaron las muletas a un lado.

LA BENEFACTORA

Todos los días la buena samaritana Olga Sánchez Martínez —quien sufre una enfermedad incurable—, desde las primeras horas de la mañana, vende pan, plátanos, ropa usada, pide limosna y hasta empeña su palabra para conseguir recursos que permitan atender a los extranjeros víctimas de ataques de bandas organizadas de mexicanos, mara Salvatrucha o simplemente a aquellos despedazados por las mandíbulas del ferrocarril de la empresa Chiapas-Mayab.
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