Adelanto de elecciones
María Antonieta Fiallos
¿Qué gana Nicaragua con adelantar las elecciones? Esa parece ser la pregunta del millón de dólares. En mi opinión, Nicaragua no gana nada con tener elecciones tan pronto. Mientras las reglas del juego político y electoral no cambien de nada nos sirven las elecciones.
Se habla de adelantar las elecciones presidenciales y de elegir una Asamblea Constituyente. Las elecciones presidenciales nos garantizan sólo el cambio de Bolaños a Daniel Ortega o a algún liberal arnoldista. Eso no nos garantiza prosperidad, inversión ni empleo para el pueblo nicaragüense.
La elección de una Asamblea Constituyente parece ser ahora la peor de las opciones. Eso significa que estaríamos eligiendo una Asamblea Constituyente donde sus diputados serán los mismos actores políticos actuales pero gozando de la legitimación de haber sido electos por el voto popular. Podrían hacer la constitución de sus sueños sin el riesgo de una sentencia de la Corte Centroamericana en contra, de recursos por inconstitucionalidad, de críticas abiertas, directas de los organismos nacionales e internacionales.
Debemos ser cuidadosos ante una propuesta de adelantar las elecciones que lo único que asegura es un mal futuro para el país. No permitiría tener el tiempo suficiente para presentar a la Asamblea Nacional una iniciativa ciudadana de Ley de Elecciones Primarias y aún cuando se lograra, no daría tiempo para que se aprobara la ley y se obligara a los partidos políticos a realizar elecciones primarias porque con costo habrá tiempo para organizar las elecciones nacionales. Pero lo peor es que no habría tiempo para reformar o aprobar una nueva ley electoral que mejore las reglas del juego.
Hay quienes opinan que los diputados deben irse y que se elija una Asamblea Constituyente. Pero ¿de qué nos sirven elecciones en este momento con una ley electoral defectuosa, con un poder electoral totalmente partidario y una población que apenas está despertando después de la marcha cívica? No tendríamos tiempo para democratizar los partidos políticos para reformar la ley electoral, pero sobre todo para permitir al pueblo salir de la apatía y participar activamente por un futuro mejor.
Hay que pensar en soluciones viables y positivas para el pueblo y no para aquéllos a quienes hacer elecciones ahora les conviene porque detienen el despertar de un pueblo al pensamiento cívico.

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