Al rescate del pasado
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Artesanales técnicas de fotografía que se convirtieron en un boom en su época, hoy vuelven a ser implementadas por un reconocido estudio fotográfico |
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Adelayde Rivas Sotelo revista@laprensa.com.ni
Artesanales métodos fotográficos que lograron capturar la esencia de una sonrisa, el brillo de una mirada o la inocencia de la niñez hoy sólo forman parte del álbum del recuerdo.
Técnicas que fueron superadas por la tecnología de punta, y que hoy se cuentan como una anécdota curiosa, son practicadas nuevamente por Martha Díaz, del estudio fotográfico A. Díaz F. que desde 1920 abría sus puertas para congelar aquellos momentos importantes en la sociedad nicaragüense.
“Recuerdo que al estudio venían familias enteras con niños muy pequeños, jovencitas que iban a ser presentadas ante la sociedad, caballeros con sus uniformes de graduación, niños que iban a dar su comunión, doncellas en sus vestidos de novias, entre otros”, dijo Díaz.
Adán Díaz Fonseca (1884-1968), abuelo de Martha Díaz, fue un pionero de la fotografía en Nicaragua, ya que implementó eficientemente la técnica conocida como Luz y Sombra, que en aquellos años era muy solicitada.
“En el año de 1930 mi abuelo participó con esa técnica en un concurso de fotografía, promovido por la escuela de Bellas Artes de Nicaragua y ganó el primer lugar, por lo que recibió medalla de oro y diploma de honor por su trabajo”, dijo Díaz.
Luz y Sombra consistía en iluminar una parte del rostro y dejar a una leve sombra en la otra, con ello se lograba una imagen suave y agradable a la vista.
Santiago Aguilar, un carismático anciano de 74 años, trabajó por más de 50 años en foto estudio A. Díaz F., quien además creó un truco muy conocido en la actualidad como el fotomontaje.
“Ese tipo de trabajo generalmente se lo hacíamos a niños, pero nosotros lo llamábamos 'caritas', es decir montábamos tres caritas de un mismo niño, pero con distintas poses en una sola fotografía”, explicó Aguilar.
SUCESORAS DEL ARTE
Albertina, Anita, Matilde y Lolita, todas de apellido Díaz, llegaron a dominar el oficio de su papá y fueron ellas las que continuaron con el estudio.
“Lolita, quien es la última de las mujeres, pintaba las fotografías al óleo. Nadie le enseñó, simplemente lo hacía”, dijo Aguilar.
Y es que pintar una foto no era nada fácil. “Es un trabajo minucioso, parecido al de la filigrana, porque para lograrlo, la foto pasaba por un largo proceso: revelado, después pasarla a un tono de color café (sepia), para luego pintarla con acuarela, lápiz de color o pintura al óleo”, explicó Díaz.
SERVICIO COMPLETO
Tomar una foto no sólo era hacer “clic” sobre el botón de la cámara, también se daba una pequeña asesoría de imagen.
“María Haydée (q.e.p.d.), tenía una psicología para buscar la mejor pose a las personas. Hasta el más tímido se convertía en estrella de cine con ella”, comentó la sucesora.
Según don Santiago Aguilar, muchas personas venían desde León, Granada y otros departamentos para congelar esa imagen de sus hijos e hijas. "Sin embargo, aquí las muchachas se encargaban de peinarlas para que salieran bien elegantes en la foto", recuerda Aguilar.

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