Dúo sobre la música o canto responsorial
Julio Valle-Castillo
Para el doctor Alejandro Serrano Caldera
— Abuelo, ¿quiénes son todos esos señores de corbatita de lazo frente a unas hojas de papel y con unos objetos relucientes y raros?
— Hijo, ellos son los filarmónicos del pueblo con sus instrumentos.
— Abuelo, ¿qué es eso que ellos suenan y de ellos se levanta y anda y vuela y se mete por las orejas y pasa por el alma hasta el pecho y se queda preso en la cabeza?
— Hijo, lo que ahora están ejecutando es una marcha y antes era el vals Mélida.
— Abuelo, ¿por qué cuando dice valses les da nombres de mujer? ¿Qué es eso que suena?
— Música, hijo, música.
— No, abuelo. ¿Qué es lo que hace que el kiosco del parque parezca girar como trompo coyote y remontarse hasta las estrellas?
— Es la melodía, hijo, la melodía...
— No, abuelo, no es la melodía.
— Entonces es el compás, hijo, el compás...
— Abuelo, ¿qué es la melodía y el compás?
— La música y el compás y la melodía, hijo, es la música, la melodía y el compás...
— Ese señor, con una varita en la mano, ¿quién es, abuelo?
— Es el director del conjunto orquestal y la varita se llama batuta.
— ¿Por qué hay unos violines pequeños que se los acuñan en el pescuezo y otros más grandes que los tocan sentados y otros de pie? ¿Cómo se llaman esos violines, abuelo?
— Pues violines y cellos, muchacho.
— ¿Por qué a los cuellos de los violines los llaman brazos?
(Gimen los violines y sus cajas parecen los tórax de unos hombres tristes y tuberculosos. El sello es dulce y ronco como la voz de aquella señora delgada, ojerosa, que han dicho que morirá muy pronto)
— Tengo sed, abuelo, cómpreme un helado. Abuelo, tengo ganas de orinar. Abuelo, estoy aburrido, quiero irme a la casa y también me quiero quedar.
— Escuchá, hijo, escuchá...
— ¿Y aquella caña que sopla nuestro vecino?
— Ah, esa es la flauta traversa y su sonido abre las puertas del infierno...
— ¿Y aquel instrumento que le tiene hinchados los cachetes al señor?
— Trombón de vara.
— ¿Y aquel gran sol de metal cómo se llama, abuelo, cómo se llama, si hasta buja una señora de anchas caderas?
— Callate, muchacho, callate.
— No, abuelo, no me puedo callar porque tengo ganas de reírme y de llorar y de saltar por el aire.
— Es la música, hijo, la música...
— ¿Y qué es la música, abuelo?
— La música es lo único que puede llegar a Dios y ser escuchado por Dios, hijo, por Dios.
— ¿Qué están tocando ahora, abuelo?
— Una mazurca.
— ¿Y ahora?
— Un schotiss
— ¿Qué es esto que suena y resuena y consuela y desconsuela y hace llena y se retira como el mar?
— La música, muchacho, la música y, por favor, dejame oír el concierto y no preguntés más. 
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