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José Saramago: Un poeta que germina

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.José Saramago no sólo es uno de los más respetados novelistas vivos: también es un inspirado poeta. Alfaguara publicó ahora su Poesía completa, que se inicia con Los poemas posibles (1966); continúa con Probablemente alegría (1970) y concluye con El año 1993 (1975), libros en marcha que el autor ha ido puliendo en cada reedición

El premio nobel de literatura, José Saramago.

 

Elmer l. Menjívar

¿Se puede ir del pecado a la poesía y volver ileso? Quizá en las letras de José Saramago esté la respuesta de tan idílica inquietud.

Su primera novela la escribió a los 25 años; la tituló A viúva (La viuda), pero la editorial la publicó bajo el nombre de Tierra de pecado, en 1947. “No eran cosas vividas, eran cosas que resultaban más de las lecturas hechas que de una experiencia propia”, dijo años más tarde el escritor.

Luego, pasó 20 años sin publicar, por considerar que “no tenía nada que decir” durante ese tiempo.

Y fue hasta finales de los sesenta que se presentó con dos poemarios: Los poemas posibles (1966) y Probablemente alegría (1970), ambos parte de un ciclo que completaría, en 1975, con otro de sus textos llamado El año 1993.

Lúcido. José Saramago dota de calma y lucidez cualquier charla. Se instala obediente a su propio mandato de usar la palabra para llegar al mundo: se dispone, con calma y sorteando el cansancio, a responder.

Para él no hay ideas que no se puedan poner en duda. Sabe que el mundo lo escucha y no le intimida el escándalo que sus palabras suelen provocar.

Le resta gravedad a todas las poses y honores. Habla despacio, sin titubeos ni sobresaltos, pero muy preocupado de que sus argumentos fluyan como la luz, que iluminen.

Afuera, San Salvador está gris y llueve. Adentro, un hombre.



¿Cuánto pesa un Premio Nobel al momento de escribir?

Cuando se trata de escribir, en mi caso no pesa. Podría llegar a ocurrir que después del premio Nobel, por el hecho mismo de la importancia que tiene, uno se sintiera intimidado. Puede ser un poco inhibidor, pero yo no he sentido esa amenaza. Desde 1998 para acá he publicado cuatro novelas y una obra de teatro.



Algo curioso es que aunque sea un Nobel de Literatura, de lo que menos se habla con usted es de literatura.

Si yo tengo que dar una justificación a eso sería que de mi literatura hablo en mis libros, ellos son literatura, y, por tanto, siendo el caso, me tocaría explicar y exponer qué es lo que intenté expresar en ellos. Pero la verdad es que si el mundo está como está, para mí, pasar una hora o dos hablando de literatura es un poco extraño. Además, si yo tengo que hablar de lo que hago en mis libros, inevitablemente son ellos mismos los que me llevan a hablar del mundo, de la vida, del rumbo que lleva todo. Y quizá no cumpla mis obligaciones como escritor, pero cumplo de manera satisfactoria mis obligaciones de ciudadano. Y según yo lo entiendo, ciudadano y escritor van pegados uno al otro, y cuando habla uno también habla el otro.



Pero su prioridad parece ser el ciudadano.

La literatura no creo que pueda hacer gran cosa. Uno piensa en las grandes obras maestras que se escribieron en el pasado: si eso pesara en el funcionamiento de la sociedad humana, tendríamos seguramente otro tipo de sociedad. No vamos a pedir a la literatura más de lo que pueda dar, que no es poco, porque, además de momentos de distracción, también los da de reflexión.



¿Sobre qué quiere usted que reflexione quien lo lee?

Creo que hay una cuestión central: la democracia. No podemos seguir llamando democracia a un sistema que sólo es aparentemente bueno.



¿Hay algún límite entre literatura y política que le preocupe cruzar?

Cuando se está escribiendo una obra creo que se tiene que poner un porcentaje del compromiso político. Porque el escritor hace su obra con sus propias ideas, su propia ideología, y eso se va a expresar en todo lo que escriba.



Pero habrá límites que guardar.

Lo malo es cuando el autor decide utilizar la literatura para difundir una ideología. Por una razón muy sencilla: la ideología no necesita que el escritor decida a qué hora pasarla a la obra literaria. La ideología se encontrará en la obra literaria con toda la naturalidad de la expresión del autor. Lo malo es cuando hay una preocupación porque la ideología se vuelva visible en la obra literaria. No gana ni la literatura ni la ideología. Era Engels quien decía que cuanto menos se note la ideología en la obra literaria, mejor será.



DEL MUNDO Y EL PODER

“¿Qué clase de mundo es este que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?”

“Cada vez más, los gobiernos se convierten en simples comisarios, empleados que obedecen las órdenes de sus superiores. El poder real es otra cosa. Es financiero y económico”.



SOBRE NOSOTROS

“Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver pero no miran”.

“No le faltan enemigos al espíritu humano, mas ese es uno de los más pertinaces y corrosivos. Como ha quedado demostrado y desgraciadamente seguirá demostrándose”.



REVOLUCIÓN

“Claro que hay una vieja frase que dice que si a los 18 no eres un revolucionario, no tienes corazón, pero si a los 40 sigues siendo revolucionario, no tienes cabeza. Y eso significa que es inevitable que la entrada en la edad adulta convierte a ese chico generoso, solidario, en un señor muy preocupado por su coche y por su segunda vivienda. No es que no tenga derecho al coche ni a la segunda vivienda, incluso a una tercera vivienda, pero ese señor ha vuelto la espalda —no quiero decir retóricamente a sí mismo— a cosas en las que creía. Y la pregunta es: ¿por qué es que ha dejado de creer en eso?”



DE LA LITERATURA

“Ni el arte ni la literatura tienen que darnos lecciones de moral. Somos nosotros los que tenemos que salvarnos, y sólo es posible con una postura ciudadana ética, aunque pueda sonar a antiguo y anacrónico”.

“La alegoría llega cuando describir la realidad ya no sirve. Los escritores y artistas trabajamos en las tinieblas, y como ciegos tanteamos la oscuridad”.



CONCEPTO DE SÍ MISMO

“Tengo una mala noticia para ustedes, no soy un utopista. El concepto no sólo es inútil, sino que lo coloco en el mismo nivel de que cuando morimos todos vamos al paraíso (…) Para los millones de personas que viven en la miseria, la palabra utopía no significa rigurosamente nada”.

Tomado de La Prensa Gráfica.  
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