VIERNES 24 DE JUNIO DEL 2005 / EDICION No. 23850 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




El Estado y la sociedad civil

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Carlos Alberto Cerda Gaitán
ccerdag05@gmail.com

La situación política que vive Nicaragua no es irracional o absurda, tiene su lógica. Aquí lo que está en juego o se pone en peligro es la posibilidad de lograr condiciones de vidas elevadas y dignas, de vivir de forma próspera y civilizada. Un día todo parece blanco y otro negro, pero a fin de cuentas bastante lógico.

La pregunta que cada nicaragüense debe plantearse es: ¿Es este el país que soñó una vez el bardo Rubén Darío? La otra interrogante sería: ¿Qué estoy haciendo yo, desde mi posición, para ayudar a construir la patria que esté a la altura de nuestro tiempo? Lo cierto es que hay que buscar con audacia y perseverancia el necesario camino de la paz y el progreso. Esta búsqueda ha de realizarla el Estado y la sociedad civil, es decir todos, observando las reglas del sistema republicano.

Un rasgo esencial de la política, al menos en nuestro tiempo, consiste en que los adversarios citan, para dar legitimidad a sus decisiones, principios similares, aunque los interpretan de forma diferente. Hoy todos, de uno u otro bando, se refieren, a veces repetitivamente, a la justicia, equidad, desarrollo, respeto a los Derechos Humanos, etcétera. El mismo Adolfo Hitler, en su Mein Kampf, planteaba que “el derecho humano priva sobre el derecho político”. Posiblemente la mayoría de los judíos estarían de acuerdo con el pensamiento, pero seguramente no lo entendían de la misma forma que el Führer.

Los políticos responsables son aquellos que están en la palestra para crear y promover soluciones viables que eviten el caos, son los que exige el Estado de Derecho.

Los ciudadanos comprometidos con la Nación son los que están conscientes de su papel en una democracia como miembros de la sociedad civil. El escritor chileno Jorge Edwards (Premio Cervantes 1999) ha dicho que “se debe atacar el déficit de cultura democrática existente, a fin de promover una sociedad civil con mayor conciencia y poder de movilización”.

Fernando Savater ha expresado que “el Estado no es un cuerpo místico en el que reina la comunión de los santos sino un tinglado institucional por cierto provechoso pero cuyos administradores son tanto más buenos cuanto menos malos se les deja (...) ser”. Todo depende de nosotros, los ciudadanos, quienes podemos premiar o penalizar en las urnas, asimismo, podemos alzar nuestra voz y poner a disposición nuestros talentos para ayudar a construir el país en el que deseamos vivir dignamente.

El déficit democrático que se señala es provocado en gran medida por la ausencia de actitudes y prácticas. Ha sido lo malo de la educación de nuestros países: que a veces nos enseñan cosas a destiempo. De lo que se trata es de hacer el bien. Lichtenberg nos habla hoy a todos, autoridades públicas y miembros de la sociedad civil, acerca de cuatro principios básicos:

1. El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley. 2. El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios. 3. El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio. 4. El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti.

Poco importa qué principio nos motiva, en una democracia cada cual tiene derecho a escoger el suyo, lo que resulta realmente relevante es hacer el bien.

La guerra que se libra hoy sin armas tiene su lógica, el que se gane o se pierda va a depender del papel histórico que desempeñe la sociedad civil y las autoridades del Estado en procura de promover el desarrollo del país.

El autor es licenciado en Derecho.
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