VIERNES 24 DE JUNIO DEL 2005 / EDICION No. 23850 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Golpes en la mesa
Viendo más allá del horizonte

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Alberto L. Alemán Aguirre

“El milagro es que estemos como estamos, no acabados como los nicaragüenses o los cubanos, donde efectivamente triunfó la revolución”. Así escribió en su editorial del martes pasado el rotativo El Diario de Hoy, de El Salvador.

Aunque es una formulación concisa, queda muy claro el concepto que de nuestro país se tiene en Centroamérica. Ya de sobra conocemos el tono de sorna y, sí, inclusive de desprecio, con el se habla de Nicaragua y sus gentes en Costa Rica, en ciertos círculos y medios. Es de imaginarse que en otras partes del mundo, las opiniones son también poco favorables.

Es doloroso que seamos el país más pobre del istmo, cuando podríamos ser el más rico. Hasta hoy, pagamos el precio de nuestras divisiones, guerras, corrupción e ineficiencias administrativas.

Cabría recordarle al señor editorialista del mencionado diario, que el número de emigrantes nicas en Estados Unidos no es tan grande como el de los salvadoreños —poco más de un medio millón contra dos millones—, que los niveles de violencia y brutalidad aquí nunca igualaron en ningún período histórico a los de allá, según estudios de las Naciones Unidas, y que sin la inyección anual de más de 3,000 millones de dólares —más de 3 veces las remesas hacia Nicaragua— que recibe la economía salvadoreña (con un PIB de 14 mil millones de dólares anuales), el panorama social y macroeconómico de ese país sería indiscutiblemente mucho peor. No hay que ser un experto para verlo.

Ellos han tenido una guerra y represión, terremotos y otros desastres naturales; sufren por igual por los colapsos financieros mundiales, los vaivenes del petróleo y de los mercados mundiales. ¿Por qué están mucho mejor?

No son sólo las remesas. Nadie puede negar el mérito de esa nación, del espíritu emprendedor, la laboriosidad, la disposición a invertir y tomar riesgos de la clase empresarial, el dinamismo de su economía y una mayor productividad y mejor rendimiento. Todo a pesar de una guerra devastadora.

Un factor importante, como lo ha reconocido alguien como Joaquín Villalobos, ex comandante de la guerrilla del FMLN, es que esa fuerza nunca tomó el poder. De haber ocurrido, la dirigencia revolucionaria habría llevado a la ruina. El fracaso económico del comunismo está en la base de su derrumbe.

A pesar del conflicto, no se detuvo la dinámica de desarrollo en base a una economía de mercado; no se perdieron el espíritu emprendedor, la competencia, la productividad y buenos hábitos laborales; no se impusieron la pedigüeñería ni la autoindulgencia, como pasó aquí. Hasta sus últimos días, la productividad del trabajo era muy inferior en el bloque soviético que en Occidente.

Tampoco se puede obviar el rol de peso que tuvo la asistencia económica y militar de Estados Unidos de los años 80, que no estaba dispuesto a dejar caer otra ficha del dominó centroamericano.

Creo que otro factor a tomar en cuenta hoy es la debilidad política del FMLN, dominado por un ala ortodoxa que ha dividido al partido, y que está lejos de disfrutar las cuotas de poder que tiene el FSLN y su capacidad de obstrucción. “El FSLN es la oposición que el FMLN quisiera ser”, escribió el diario La Prensa Gráfica en un reportaje especial sobre Nicaragua.

Un simple recorrido por San Salvador y las ciudades grandes basta para observar el superior dinamismo comercial y económico. Pero también persiste la pobreza, que se avista desde las carreteras y en pequeñas ciudades; se olfatea el miedo al crimen y se respira la inseguridad más terrible. A pesar de esto, es un país con perspectivas más amplias.

El Salvador fue el primer país en aprobar el DR-Cafta. No montarse en ese tren es una alternativa peor que los peligros de sí hacerlo.

Es hoy el más cercano aliado a Estados Unidos en Centroamérica —papel que Nicaragua tuvo en la época de Anastasio Somoza, en un contexto diferente desde luego—. Ha sabido sacar réditos políticos al mantenimiento de un batallón en Irak, siendo el único país latinoamericano en hacerlo hasta hoy: una extensión de permisos migratorios para decenas de miles de inmigrantes; el primer candidato de EE.UU. a la dirección de la OEA fue el ex presidente Francisco Flores.

Poseedor de un cierto nivel industrial, El Salvador podría lograr la instalación por Taiwán de un parque industrial. Eso abre la puerta a una posible llegada de alta tecnología. En la visita del miércoles y el jueves del presidente Elías Antonio Saca a España y Francia, éste ha invitado a tipos de inversión extranjera que aún no podríamos atraer.

Tras saberse de la condonación de la deuda externa a Nicaragua y Honduras por el mundo industrializado (el G8), Saca rechazó las sugerencias de que El Salvador también solicitara el perdón de su deuda de US$4,700 millones, arguyendo que de cara al futuro conviene al país la imagen de “buen pagador”.

El gran mal de ese pequeño país es la criminalidad. Pero aún así, ve más allá del horizonte.
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