MIéRCOLES 22 DE JUNIO DEL 2005 / EDICION No. 23848 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Los jóvenes se tomaron la calle

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Humberto Belli Pereira
president@avemaria.edu.ni

Además de su gran tamaño -algunos especulan que se trata de la mayor movilización espontánea de los últimos veinte años— lo más extraordinario de la reciente marcha contra el pacto fue su gran porcentaje de jóvenes. Un 70 u 80 por ciento de los manifestantes eran muchachos y muchachas de distintas clases sociales, con una nutrida representación de universitarios o profesionales jóvenes. Las banderas que enarbolaban eran tan variadas como el arco iris: rojinegras, verdes, rojas, azul y blancas.

¿Qué llevó a tanta juventud a desafiar la inercia y las amenazas en una demostración donde nadie iba tras el nacatamal, el guaro o la prebenda?

Las respuestas se encuentran en algunas características propias de la juventud y sus valores. A la juventud no hay que idealizarla. Es una etapa de la vida donde los impulsos son fuertes pero es débil la perseverancia, donde la irreflexión supera a veces al raciocinio, y donde los sueños a veces se confunden con la realidad. Pero tiene también virtudes extraordinarias. Los jóvenes en general son más puros e idealistas. Suelen admirar la franqueza y detestar la hipocresía, y carecen usualmente de la resignación y pragmatismo cínico, típico de los mayores. Si bien hay jóvenes marchitos prematuramente, la mayoría no ha perdido la capacidad de soñar, de anhelar un mundo mejor, y son capaces de grandes actos de heroísmo y desprendimiento para lograrlo. Por eso Juan Pablo II los amaba tanto y creía tanto en ellos.

La juventud moderna nicaragüense, tanto en la izquierda como la derecha, comparte además los valores democráticos y es particularmente sensible a la injusticia. ¿No era inevitable entonces que esta masa juvenil, presente y vibrante en Nicaragua más allá del cálculo de algunos, entrase en contradicción con una clase política cada vez más cínica y espiritualmente envejecida? ¿Cómo no iba a chocar, por ejemplo, a los jóvenes sandinistas que preservan los ideales originales, ver a su caudillo posar feliz, en una foto de matrimonio político, junto al rival que ellos mismos han denunciado como ladrón y que está procesado por saquear a la República? ¿Cómo no iba a incomodar a los jóvenes liberales decentes, enemigos de la piñata y del autoritarismo sandinista, ver a sus dirigentes volverse en monaguillos políticos de sus rivales, sólo para negociar la libertad de su discutible jefe?

¿Cómo no iba a percibir la juventud la hipocresía de unos diputados, que so pretexto de sensibilidad social bajaron los sueldos a los ministros y se subieron los suyos, por encima de los de aquéllos? ¿Cómo no iba a chocarles que cúpulas políticas que se autoproclaman democráticas negasen el popular concepto de elecciones primarias? ¿Cómo no iban a detestar las manipulaciones sin rubor del Poder Judicial con fines políticos, las maniobras leguleyas que se ciernen para inhibir a los candidatos más populares, la cínica redefinición del concepto de consenso para torcer el brazo al Ejecutivo en un diálogo que ha sido pantomima?

La juventud es también sensible a la injusticia. Y pudo ver la payasada de un Alemán internado por semanas en el Hospital Militar para curarse un dedo, mientras una presa grave del penal La Esperanza fallecía entre sus paredes tras negársele la hospitalización. Y ésta es otra característica nueva, juvenil, que los políticos viejos de espíritu ignoran: gran parte de la juventud está siguiendo las noticias, se está informando, está al tanto de sus tropelías.

El idealismo juvenil reclama principios y anhela un futuro mejor. Ninguno de los caudillos puede satisfacer estas aspiraciones. Si algo está claro después de la manifestación del 16 de junio es que los pactistas han perdido a la juventud. Al joven le atraen las personas con principios y convicciones sinceras. Los políticos del pacto no ofrecen horizontes, no traslucen ideales; sus sonrisas de zorros viejos, detrás de sus carnes o carros opulentos, son hipócritas. ¡No pueden atraer a la juventud! Lo mejor y lo más puro de Nicaragua no está con ellos. Sólo les quedan aquellos grupúsculos encapuchados de jóvenes viejos como Jasser Martínez que, amparados en la impunidad que les brinda el actual sistema judicial, y financiados por el seis por ciento, encarnan la cultura trasnochada de la intolerancia y la violencia.

La presencia juvenil en la marcha contra el pacto es un signo muy alentador para Nicaragua. Que los viejos se maleen, cansen o claudiquen es triste. Que los jóvenes no reaccionen ante el mal y la fealdad es además trágico. Pero esta vez ellos han demostrado que tienen un hermoso caudal moral y han dicho sí a la esperanza. Nicaragua tiene futuro.

El autor es rector de Ave María College of the Americas.
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