Independencia energética
Fernando José Bárcenas
“La pobreza es la peor inversión”. Carlos Fuentes (La silla del águila)
Sun Tzu, el más grande teórico de la guerra, sentenciaba desde el siglo VI antes de Cristo: “¡Cómo merma sus posibilidades de victoria el que no hace previsiones ni cálculos!” Es así como un país extremadamente pobre y sin recursos debe emprender la ruta al desarrollo, con preparativos extremos, más que ningún otro. El país que enfrenta la pobreza con espíritu de lucha, pero sin un programa serio es, como dice Cervantes, un árbol sin hojas y sin fruto, como el caballero andante sin amores.
La Comisión Nacional de Energía ha esbozado los objetivos de la estrategia energética del país, de manera general: hacer un balance entre la dotación de recursos naturales energéticos autóctonos y los importados, a fin de asegurar la independencia energética al menor costo posible al consumidor, asegurando el mínimo uso de divisas.
De partida hay que aclarar, para beneficio de quienes desconocen la industria eléctrica, que el mínimo uso de divisas que ciertamente se requiere para producir energía eléctrica por medio de la explotación de recursos energéticos naturales autóctonos (como alternativa a utilizar como fuente primaria los derivados del petróleo), implica, sin embargo, una inversión mayor por MW instalado, debido al capital intensivo que demanda la generación hidroeléctrica, geotérmica, eólica, fotovoltaica o de biomasa, y que el inversionista debe recuperar dichas inversiones por medio de un precio monómico final más alto de la energía.
Sin embargo, la realidad no es uniforme y gris, hay casos concretos de bajo costo, proyectos específicos de energía renovable, ya sea de cogeneración (que utilizan la biomasa residual de la industria cañera), o bien, centrales hidroeléctricas (que pueden aprovechar el agua turbinada de la planta Santa Bárbara, aguas abajo) que no requieren un capital intensivo. Un trabajo serio de planificación debe analizar en detalle cada caso y elaborar una cartera de proyectos de esta naturaleza que presente una relación costo/beneficio favorable.
Sin embargo, la independencia energética del petróleo no es una estrategia que responde a una crisis coyuntural de precios, sino a una decisión de largo plazo. Y tiene, además, un costo sumamente elevado.
Toda estrategia parte de las fuerzas y de los recursos que se han preparado previamente, y cuenta con ellos para avanzar. Cuando el ochenta por ciento de la generación eléctrica utiliza, actualmente, bunker, el sector dirigente del país debe explicar al pueblo que se deben asumir los sacrificios que conlleva, en este momento, el alza del combustible. El verdadero estratega debe tener la capacidad y el valor para pedir sacrificios al pueblo, y, a la vez, debe ser capaz de trazar una salida, una meta alcanzable, superior, pero coherente con nuestra pobreza.
Por hoy, una estrategia energética seria, debe, en primer lugar, tomar la decisión de incrementar las tarifas de acuerdo a las reglas establecidas, a fin de evitar el colapso financiero de la industria eléctrica. Y, más aún, a fin de prevenir que una situación de altos costos energéticos, que objetivamente se derivan del petróleo, se transforme en crisis de racionamiento, con costos improductivos mayores.
En segundo término hay que señalar una particularidad beneficiosa en la generación geotérmica. El vapor que se extrae de la tierra no tiene un carácter estacional, ni es variable en el curso del día (como ocurre con la mayoría de las fuentes renovables), por ello, la generación geotérmica consigue un factor de planta extraordinario, entre 0.9 y 0.95. Las economías de escala que introduce esta alta disponibilidad, abarata el costo de llevar una tonelada de vapor a boca de pozo, y hace de la generación geotérmica una fuente de energía renovable privilegiada, que se corresponde con la estrategia de optimizar el uso de recursos autóctonos en el desarrollo del país.
Esta generación mantiene precios constantes, independientes del petróleo; pero, además, contribuye a diversificar la matriz energética, y aporta redundancia, un concepto de ingeniería que concierne a una mayor seguridad del sistema y a una mayor capacidad de respuesta frente a elementos exógenos, como una posible falta de abastecimiento petrolero.
El autor fue Presidente del Consejo de Operación del Mercado Eléctrico Nicaragüense

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