Nada más
Zyanya Mariana Mejía
¿Debo esperar que el sosiego nazca de mi muerte y acabe con la certeza mineral de mi cuerpo? Sólo soy un presentimiento que quiere recordarse, nada más. Ni puta, ni voces, ni esposa, ni siquiera mujer madurada en el tacto de un hombre, o de muchos; mujer, que humilde se resguarda en el quehacer del pan y de la casa; amamantando la espera. Soy lo que soy, la de siempre, la del pinche carácter de la chingada, (la que presume su lugar en el quinto círculo de la montaña invertida) la que muere cada día y guarda en los cajones tristezas empolvadas como libros; con flores secas, olvidos y la envoltura del chocolate de ayer... no hay nada más sólo su voz, la de ella, mi hija que me nombra cada mañana y su berrinche que me levanta para que ande como un Lázaro y su exigencia que se sangra en mi cuerpo para revivirlo
como el polvo de aquellos huesos recogidos por Quetzalcoatl, no hay nada más y, sin embargo, todo ha cambiado y cambian los trabajos y los días y me derrumba cada tambor pequeñito, cada dulce atragantado, cada biberón sucio, obsidianas que me cruzan y la cruzan nada más. De todo lo que fue, de todo lo que espero, el tiempo me quema y ella crece. 
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