A un paso de perder la libertad
Róger Fischer S.
“Lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada”. En esta frase atribuida a Martí, acuñada en un anuncio televisivo de Hallmark para promover la película sobre la biografía de Hitler, hay un doble mensaje para los nicaragüenses.
El referido texto sacude la abulia que priva en nuestro espíritu ciudadano y abre la mente para que no permitamos que se conculquen nuestras libertades públicas. Los hítleres de nuevo cuño desean elegirse a través de los pactos en dictadores de todos nosotros. Su ceguera por el poder no tiene límites y en un juego sado-masoquista, uno es reo del otro, a pesar de ser su socio. Esta sociedad nos lleva a un país sin democracia, sin justicia y sin libertad. Son los dictadores quienes van a definir quien trabaja para el Estado o van a presionar en este sentido al sector privado en sus contrataciones de personal. Son estos mismos señores los que van a decidir a través de nuestros tribunales de justicia quien tiene derecho sobre qué. Esta dictadura bicéfala es la que va a dar concesiones económicas o a decidir las licitaciones públicas y en algunos casos, presionará para que las compras y contrataciones privadas beneficien a empresas con intereses políticos.
Hasta el momento hay en Nicaragua un gobierno y un desgobierno. Un gobierno presidido por el ingeniero Enrique Bolaños y un desgobierno prediseñado por dos líderes políticos que no representan la opinión pública y que tienen secuestrados a los otros poderes del Estado a través de nombramientos y prebendas que funcionan por medio de la obediencia ciega y el fanatismo personal y a la que llaman lealtad, tanto los caudillos como los escogidos con tecnología digital.
Nosotros tenemos en la actualidad dos Nicaragua; la que trabaja sanamente, tanto en el gobierno como en el sector privado y que es la Nicaragua de la mayoría. La Nicaragua de los que producen, siembran y cosechan. La Nicaragua de los obreros y campesinos. La Nicaragua de los empresarios y de sus empleados. La Patria de los que se ganan la vida honradamente como choferes, amas de casa, costureras, secretarias, pequeños y pequeñas comerciantes; el lustrador de la esquina, el que vende lotería, los médicos y las enfermeras, los maestros y tantos profesionales útiles que integran a esta Nicaragua que trabaja y que se ha ido superando poco a poco, luchando contra la pobreza a pesar de la corrupción, dando ejemplo de trabajo y de principios a su familia. Este mismo país cuyos habitantes pueden viajar del Pacífico al Atlántico en buena carretera y también de Managua a Chinandega; y de Managua a Honduras. Este país cuyas reservas en dólares suben o se mantienen a pesar de la crisis política. Este terruño que a diario trabaja y exporta más, esta comunidad de gente trabajadora, seria y honesta que asqueada por los malabares políticos, ya no quiere saber de eso y por ende le vuelve la espalda a los dos caudillos.
Si bien es cierto que nos hacen falta muchas cosas para superarnos, también es cierto que en la producción y la productividad está nuestra salida. Lo grave está en que al dar la espalda a lo político nos hemos convertido en víctimas de los caudillos y todos y cada uno de nosotros tenemos la obligación de pensar en Nicaragua como país; y en convertirlo en un pueblo de ciudadanos libres, honestos y eficientes, evitando caer en una oscura tiranía, donde no podamos vivir en paz, ni trabajar con tranquilidad; donde no se nos respete como seres humanos y nos quieran clasificar como ciudadanos de segunda clase.
Debemos entonces manifestarnos, porque de nada sirve trabajar y producir para que se beneficien los políticos que procuran manipularnos, y quienes a través del control de los medios de difusión, coartarían además nuestra libertad de expresión.
Esto no es solamente una lucha ideológica, sino también la defensa de la economía susceptible de transformarse en un nuevo botín, en una jornada libertaria que debemos continuar con la seguridad de lograr la justicia, porque sin ella, no hay libertad.
“Lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada”.
El autor es escritor.

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