Cine alternativo con poco público
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La película Gritos y susurros, si bien no atrajo mucho público, cautivó con una fotografía excelente.
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Leslie Ruiz Baldelomar revista@laprensa.com.ni
Las oportunidades de apreciar cine alternativo en Nicaragua son casi nulas y las que hay son poco valoradas.
Esto quedó evidenciado anoche, cuando sólo unas cuantas personas asistieron a la Sala de Teatro Justo Rufino Garay, en Managua, para ver la película Gritos y susurros (1972), en el marco de los Miércoles de Cine.
Este proyecto lleva rato ya y aún sigue con los brazos abiertos para recibir al público nicaragüense.
Hasta el momento, su tendencia ha sido la de “abrazar” a un público extranjero, porque al parecer éste es el que está interesado en ver más allá de lo que ofrecen las salas comerciales de cine.
Gritos y susurros, dirigida por Ingmar Bergman, es una historia para verse cuando se está descansado, ya que es muy pasiva si la comparamos, claro está, con las producciones a las que estamos acostumbrados.
Desde que comienza invade al espectador con fotografías bellísimas, que pueden ir desde un paisaje casi virgen hasta la mirada de uno de sus personajes. Es una de sus grandes fortalezas.
También lo es el vestuario empleado, sobre todo el de las damas, quienes aparecen con finos vestidos largos de época y algunas veces con escotes que por poco no le dejan nada a la imaginación.
Si habría que mencionar alguna debilidad de la versión traducida al español de Gritos y susurros que fue la proyectada ayer, eso sería precisamente la traducción.
Y es que el movimiento de los labios de los actores va todo el tiempo más que distanciado de las voces que traducen. Es lógico, pues la película es originaria de Suecia.
La próxima semana se presentará Réquiem para un sueño.

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