Cosas veredes Sancho amigo
70 boleros y el abolengo musical de don Armando Estrada Vélez
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“Una noche de tantas se me ocurrió dar una fiesta en mi casa. Estábamos muy alegres, de repente entró una encantadora amiga mía toda vestida de rojo. Se me vino con la imagen de ella la inspiración y de buenas a primeras le improvisé una canción que titulé El lobo feroz, recordando a la Caperucita Roja que fue admirada y por poco devorada por uno de esos animales” |
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Don Armando Estrada y su amigo de emociones: el piano.
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Mario Fulvio Espinosa departamentos@laprensa.com.ni
Ríe don Armando, “con risa de lobo manso”, de esos que, según Camilo Zapata, “sólo piden amor”. Su historia romántica y sentimental está cifrada en más de setenta canciones que ha compuesto y cantado al ritmo de los años e impulsado por las cadencias de su romanticismo arrebatado.
Hombre orgulloso de su abolengo, Armando Estrada Vélez nació hace 71 años en una hermosa casa de amplios aleros que situada esquina opuesta a la Lotería Nacional o Palacio de la Suerte. Parte del inmueble era alquilado a la Escuela de Comercio de don Fidel Saballos y los transeúntes podían ver, desde las puertas abiertas, a los estudiantes aporreando las sólidas máquinas de escribir Remintong, Underwood y Royal, pero también podían los viandantes escuchar los preciosos boleros de los años cuarenta y cincuenta que eran ejecutados por la madre y hermanos de don Armando en el viejo piano Rachal, el tesoro más querido de la familia Estrada.
“Para ese tiempo, la esquina del Palacio de la Suerte y sus calles y avenidas adyacentes no estaban pavimentadas. Yo era un cipote cuando comenzaron a zanjearlas para instalar las aguas negras. La chavalada del vecindario jugaba en esas zanjas y en cuenta yo, a pesar de los regaños de nuestros padres”, recuerda este hombrón de cabello cano, bigote fino muy recortado y de gesticulaciones pausadas.
Han pasado sesenta años desde aquellos recuerdos de infancia y hoy en su elegante residencia de Bolonia la escena se repite. Pero ya no es un niño el que toca el piano, sino el caballero Armando setentón. La sala está adornada con cuadros y flores y él está sentado ante el instrumento, que ya no es el viejo piano Rachal de ayer, sino un selecto Stanway alemán.
“Mi madre era una excelente pianista y siguiendo su ejemplo todos nos sentábamos a sacarle melodías al piano. Nunca tuvimos un maestro, pero todos aprendimos. Ronaldo, el hermano mío que acaba de morir, tocaba muy bien. Yo tocaba mi poquito, pero después de la guerra de la Revolución compré este piano y me propuse ejercitarme más en la ejecución”.
EL COMPOSITOR NO PUEDE ESPERAR
Entiendo de donde llega la veta de la interpretación artística, pero... ¿eso de la composición?
Yo compongo una canción así de repente, las hago en dos o tres horas, de repente viene a mi mente alguna vivencia y voy poniéndole música en tanto la voy tarareando. Sobre ese camino voy puliendo y mejorando letra y melodía. Por eso me llamó la atención lo que vi hace algún tiempo en la televisión, donde el famoso cantante Luis Enrique Mejía decía que él estaba componiendo una canción y que después de seis meses no la había terminado. Seis meses —dije yo— ¿Y no la ha terminado? A ver, le dijeron, tóquese esa canción, se sentó en el piano pero no pudo. ¿Cómo es posible, me dije, porque si yo me pongo ante el piano la hago en tres horas?
Todo esto comenzó hace varios años cuando le dije a una amiga: “Te voy a componer una canción”. Yo jamás había compuesto una canción, pero llegué a la casa, me senté ante el piano y comencé esa labor que ya nunca terminé. Le hice la canción, y la canción gustó. Se titulaba Linda Rosa.
A partir de ahí compuse otras canciones a otras amigas, incluso hice una para doña Violeta Chamorro siendo ella presidenta, otra se la dediqué a Bianca Jagger y otra a esa artista mexicana de ojos verdes cuyo nombre se me fue... Esa canción se llama Aquellos ojos, un día hablamos por teléfono, yo le mandé la canción y ella retornó un retrato con dedicatoria y firma estando yo en San Francisco.
¿Cómo puede explicarse el fenómeno de la inspiración musical en alguien que no sabe leer el pentagrama?
No es ningún misterio. Al oído. Los no videntes, para mencionar algo, tienen mucha predisposición para ejecutar instrumentos.
UN COMPOSITOR PROLÍFICO
¿Se nota que los títulos de sus canciones tienen mucho que ver con las mujeres?
Todas mis canciones son de ese porte.
Si por ejemplo le pido que me toque y cante Carmencita... ¿la recordaría?
¡Claro que sí! No tengo problemas. Me gusta mucho interpretar la música de Agustín Lara que es inspiradora. Recuerdo que en mi tienda, allá en San Francisco, existía un departamento de discos, muchos de ellos de Agustín Lara. Me encantaba poner sus discos, mataba la voz de Lara y salía la mía. Una vez grabé en un disco metálico diez canciones de Lara donde el cantante era yo, pero acompañado al piano nada menos que por el Maestro veracruzano.
Me contaban que usted ha compuesto más de 70 canciones... ¿es cierto?
Sí. Digamos que yo he venido componiendo del tiempo de la Revolución para acá. Por supuesto que entre canción y canción pasa algún tiempo, pero de repente por cualquier motivo me da por componer. Hace poco me pidió una joven que le hiciera una canción. ¿Usted conoce a Alicia Pereira? Es la que arregló todo ese asunto del Cafta o no sé qué, pues vino a una fiesta y le ofrecí la canción.
La mayoría de mis canciones llevan el nombre de una persona, aquí en este casete tenemos a Juliana, se remonta al tiempo en que andaba en el asunto político, fue en Washington donde me daban una fiesta, estaban haciendo tocar mi música. Cuando ya me venía me siguió ella, Juliana, y me dice: “¿Por qué no me hace una canción?”. Bueno, le dije, la haré y se va a llamar como usted.
¿Y ésta que se llama María Lourdes?
Se la compuse a doña María de Lourdes Montealegre que hace poco se casó. Aquí tenemos Elisa, era la madre de los dueños de la Coca Cola y de la Nissan. Esa señora vivía en Italia y cuando venía a Nicaragua yo le hacía una fiesta. Le compuse varias canciones, ésta fue la última porque murió en Italia, ya la regresaron muerta. Todas mis canciones forman parte de algún retazo de mi vida.
¿Y con ese don de compositor consiguió cautivar a muchas muchachas?
(Se ríe con risa de lobo manso) Bueno, todas las canciones son para ellas porque mi regalo es la canción.
¿Por qué no les da la debida publicidad a sus canciones?
Para hacerlo bien se necesita grabar en un estudio. Pero este equipo mío tiene alrededor de veinte años. Pero aún así en la radio Mera Mera están tocando dos canciones mías.
Héroes de la Familia Estrada
“Yo soy nieto del general Dionisio Estrada e hijo del general Alfonso Estrada. El general Dionisio Estrada fue el primer Alcalde de Managua, fue jefe del Estado Mayor del presidente Diego Manuel Chamorro y un notable conservador de aquella época. También mi padre fue militar, peleó en muchas batallas al lado del general Emiliano Chamorro, él era su hombre de confianza. Fue jefe del Partido Conservador de Managua y Nicaragua.
Cuando se entronizó en Costa Rica la dictadura de los Tinoco, éstos expulsaron a Nicaragua al señor Justiniani que era un millonario muy amigo de mi papá. Con el tiempo mi padre ayudó a Justiniani a hacer una revolución para botar a los Tinoco, mi papá consiguió las armas y se fue a pelear allá. Cuentan que había un callejón donde el ejército de Costa Rica no dejaba pasar al ejército nicaragüense, para que los demás cobraran valor mi papá cruzó primero. Los disparos mataron a la bestia y él cayó, le dieron un balazo en la frente, pero el ejército pasó. Lo trajeron herido a Nicaragua y aquí se curó.
Los ticos guardaron mucho agradecimiento a mi padre y Justiniani le heredó toda su fortuna, pero un pariente de Justiniani falsificó el testamento y reclamó esa herencia, mi papá no quiso ir a discutir nada, total que así quedó ese caso.
Quiere decir que los Estrada son managuas autóctonos?
Mi abuelo, el general Dionisio Estrada, era de Managua, mi abuela por parte de padre era española, se llamaba Josefana, era de Aragón, España. También por el lado de mi madre todos fueron generales, el hermano de mi mamá, el general Adán Vélez, peleó junto a mi padre a las órdenes del general Chamorro.
Pero hay una cosa muy curiosa, en San Jacinto pelearon mis dos tatarabuelos, fueron ayudantes del general José Dolores Estrada y eran, el papá de mi abuela y el papá de mi abuelo. Mi “Mamá Eloísa”, es decir la abuela mía, se casó con el hijo del general Vélez y de esa unión nace mi mamá, es decir que entre los héroes de San Jacinto estaban mis dos bisabuelos.
LA “ESTRADA FORNITURE COMPANY”
¿Dónde estudió primaria y secundaria?
Bueno estuve un tiempo donde los Hermanos Cristianos, después me pusieron en otro colegio. A los veinte años me fui a Estados Unidos, ya no seguí estudiando. Allá trabajé en una fábrica los primeros dos años, tuve suerte porque el jefe era un señor alemán que me tomó cariño. Después trabajé en una tienda de artículos para el hogar, ahí se me vino la idea de poner mi propio negocio, así al tercer año ya tenía en San Francisco, California, la primera tienda latina de esa ciudad que era la “Estrada Forniture Company”. Vendía muebles para el hogar, radios, refrigeradoras, alfombras y otros artículos.
En San Francisco estuve doce años y regresé aquí por razón de la enfermedad de mi papá. Él tenía unas haciendas muy grandes y todos los hermanos nos dedicamos al cuido de ellas.
¿Se enamoró de una norteamericana?
No, de una nicaragüense, se llama Yelba Estrada. Tuvimos cinco hijos. Son: Eloísa, la mayor, Armando José, Horacio, Jaime e Iván. Recuerdos ingratos no tuve. Los Estrada éramos trece hermanos, nueve varones y cuatro mujeres. Una murió muy jovencita, Gioconda, años después falleció Carmen, por problemas al tener un niño. Quedaron dos hermanas. De los nueve varones hace como año y medio murió el mayor, Alfonso y casualmente, hace como tres días, cumplió un año de muerto el que le seguía, Ronaldo que murió en Miami. Los sobrevivientes son: Carlos, Armando, William, Chale, Roberto, Reinaldo y Miguel.
SALUD, DINERO Y AMOR
¿Ha sido feliz en su vida?
Sí, sobre todo que nunca me he enfermado, nunca he ido a un hospital, no tomo medicinas... Lo único que un catarro casual allá una vez al año pero enfermedades nada.
Un hombre satisfecho de su vida, si volviera a nacer...
Volvería a ser y a hacer lo mismo.
LO DE PIEDRA QUEMADA
Antes de la guerra yo tenía una oficina de bienes y raíces con la que hice muy buen negocio, cuando me fui a Estados Unidos me quitaron todas mis propiedades. Ahorita estoy metido en el rollo de los reclamos, principalmente el de Piedra Quemada, son novecientas manzanas con volcán y todo donde construyeron un Parque Nacional... Mi pregunta es: ¿quién me va a indemnizar?

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