El Domingo, Día del Señor
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La Iglesia es la institución donde se fortalecen los valores morales y espirituales.
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Tomado de www.aciprensa.com
En la pastoral de estos últimos años, el día domingo se ha convertido en un grave problema, no sólo en los planos religioso y pastoral, sino también en lo cultural, social, político y económico. Cuando se intenta realizar una aproximación a este tema, no entran en causa solamente la vivencia de la fe y el compromiso propiamente pastoral, sino toda la complejidad del tejido social.
Ante tal panorama nos preguntamos: ¿cómo entender realmente el domingo? ¿qué es? El Catecismo de la Iglesia Católica nos dirá: “La Iglesia, desde la tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que se llama con razón “Día del Señor” o domingo. El día de la Resurrección de Cristo es a la vez el “primer día de la semana”, memorial del primer día de la creación, y el “octavo día” en que Cristo, tras su “reposo” del gran Sabbat, inaugura el día “que hace el Señor”, el “día que no conoce ocaso”. El “banquete del Señor” es su centro, porque es aquí donde toda la comunidad de los fieles encuentra al Señor resucitado que los invita a su banquete... Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas, el Día del Señor, el “domingo” (CIC, 1166.2174). Es mediante la Resurrección del Señor que el domingo es establecido como el día privilegiado, como el día de la Reconciliación.
PRECEPTOS BÍBLICOS
A pesar de esto hay quienes critican fuertemente a la Iglesia Católica por haber cambiado el precepto bíblico del descanso sabático, sustituyendo así la enseñanza divina con preceptos humanos, tomándose la libertad de convertir el domingo como el día de los días, el día principal. ¿Es esto verdad?
Para responder a esta crítica repasemos rápidamente los inicios de la historia de manera que entendamos el significado del día sábado: “Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo y descansó el día séptimo de toda su obra que había hecho y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios toda la obra creadora...” (Gén 2, 2-3). Este día, el último día de la creación, donde Dios había terminado su obra creadora fue declarado día santo y día de descanso en el Monte Sinaí; el día para recordar la alianza de Dios con su pueblo. “Recuerda el día del sábado (sabbath > descanso) para santificarlo. Seis días trabajarás, pero el día séptimo es día de descanso para Yahvé, tu Dios. No harás ningún trabajo...” (Ex 20, 8, 10). Los elementos que podemos extraer del relato de la Creación de la Sagrada Escritura son los siguientes:
ÚLTIMO DÍA DE LA CREACIÓN
El día del descanso es “bendecido” y “santificado” por Dios, o sea, separado de otros días para ser, entre todos el “Día del Señor”. Es un día para ocuparnos de las cosas santas y no de las profanas, trabajar sería “profanar” el día santo.
DÍA DE LIBERACIÓN
El sábado se establece como ley de liberación en el Monte Sinaí (ver Dt 5,15). Yahvéh quiere que los judíos festejen el día de su liberación y del poder de Dios.
DIÍA SANTO Y SANTIFICADO POR DIOS
El día del descanso es “bendecido” y “santificado” por Dios, o sea, separado de otros días para ser, entre todos, el “Día del Señor”. Es un día para ocuparnos de las cosas santas y no de las profanas, trabajar —para el judío— sería “profanar” el día santo.
DÍA CONSAGRADO AL CREADOR
El Señor del sábado es Yahvé, los judíos lo llamaban el día de Yahvé, el día consagrado a Yahvé (ver Ex 16, 23- 25).
Después de haber visto todo esto alguien podría preguntar ¿Es qué hay una oposición entre lo dicho en el Antiguo Testamento y el anuncio del Señor Jesús? No hay ninguna oposición, todos los elementos que hemos repasado encuentran su plenitud con la venida del Señor Jesús; análogamente —siendo conscientes de la limitación de la analogía— es como si primero tuvieras un televisor a blanco y negro en el que ves la imagen tal como es pero luego tienes un televisor a colores en el que ves la misma imagen pero de manera más nítida y más clara. El Papa Juan Pablo II menciona en la carta apostólica Dies Domini: “El domingo, pues, más que una “sustitución” del sábado, es su realización perfecta, y en cierto modo su expansión y su expresión más plena, en el camino de la historia de la salvación, que tiene su culmen en Cristo. Lo que Dios obró en la creación y lo que hizo por su pueblo en el Éxodo encontró en la muerte y resurrección de Cristo su cumplimiento. Es en Cristo que se realiza plenamente el sentido espiritual del sábado, como subraya San Gregorio Magno: “Nosotros consideramos como verdadero sábado la persona de nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo” (Dies Domini, 18). Entre los elementos más importantes sobre este punto están:
a. Jesucristo es el Señor del sábado.
Los judíos se enfadaban con Jesús porque trabajaba el sábado sanando a las personas. (ver Mc 3, 1). Jesús se defiende afirmando que Él es “el Señor del sábado”. (ver Mc 2, 23-28). Con su ejemplo, el Señor nos enseña que el sábado debemos trabajar haciendo el bien a los demás, porque la caridad no tiene tiempo, está por encima de los demás mandamientos.
b. El domingo es el día de la fe, para confesar que “Jesús es el Señor”.
DIVINIDAD DE CRISTO
Jesucristo al declararse Señor del sábado, se adjudica además un título divino, por eso los fariseos querían matarlo. El domingo es el día en que los cristianos confesamos la divinidad y el señorío de Cristo; en ese día Tomás confesó su divinidad y señorío: “Señor mío y Dios mío” (ver Jn 20,26-28). Al cambiar el día de culto, confesamos a Jesús como Dios y Señor del tiempo y de la historia.
c. Dios sigue trabajando.
El Antiguo Testamento dice que Yahvé descansó de toda obra creadora, el Nuevo Testamento nos revela que Dios sigue trabajando (ver Jn 5,17). Si sigue trabajando, quiere decir que la obra de Dios no se acabó el sábado. El pecado de Adán introdujo desorden en el mundo y era necesario un día más de trabajo y un nuevo día de descanso.

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