Poesía
Salud
Álvaro Urtecho
Al Dr. Ronaldo Tenorio Berlanger
Abrir y cerrar la puerta.
Lidiar con el candado y el cerrojo húmedo
y goteante. Encontrarse
con la lluvia que madrugó hoy;
pertinaz, de frente: escurriéndose, inundando
las aceras, formando charcos nuevos
y antiguos en el alma y en el cuerpo temeroso
del hombre. Turbiones, telarañas
de hojas arrojadas removiendo el olor
y la gloria del recuerdo y la nostalgia
que se alzarán durante el día,
cuando el sol encienda sus primeras llamas
como un pétalo violáceo
y los transeúntes se apresuren por las calles
con la mirada del dolor personal a cuestas…
Días de invierno nublados
percibidos como un bálsamo
que apacigua el ajetreo del corazón,
impregnándonos de humus y tierra larvada
desde hace tanto tiempo entrevista
en los sueños con rumores de fogata
iluminando el espíritu de la Resurrección.
Agua sobre tierra, agua sobre fuego.
Lluvia, gota, rocío que se desliza
entre la luz espectral de las lámparas eléctricas
besando y reanimando a los enfermos
en las clínicas y en los hospitales. 
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