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cine
El reino del cielo

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.Es una de las películas de mayor impacto visual en la historia del cine, un verdadero prodigio de realización épica y clásica

Balian encarna al joven herrero francés que pierde a su hijo y a su esposa.

 

Franklin Caldera

Después del éxito de Gladiador (2000), que impulsó el renacimiento del cine épico-histórico, su director Ridley Scott se aventura, con El reino del cielo, en un campo en el que el cine ha incursionado muy esporádicamente: las cruzadas.

Teniendo en cuenta que películas como Alexander, de Oliver Stone y Troya, de Wolfgang Petersen, no tuvieron el éxito esperado, el riesgo que ha corrido Scott (como productor/director) retornando al cine colosal con un tema de poca acogida popular, es muy grande. En la actualidad, no hay un público hecho para el cine épico-histórico, como lo hubo en las décadas de 1950 y 1960. Para un filme tan ambicioso, su rendimiento en taquilla ha sido relativamente modesto y la opinión de la crítica especializada, dividida.

Con fotografía de John Mathieson (el mismo de Gladiador), El reino del cielo es una de las películas de mayor impacto visual en la historia del cine, un verdadero prodigio de realización. La perspectiva a vuelo de pájaro mediante la cual la cámara nos descubre, detrás de un solitario jinete árabe, un ejército musulmán, es inolvidable. La batalla final le quita el aliento a cualquiera. Se trata de un filme épico clásico, realista, sin el abuso de los efectos especiales realizados por computadoras que producen esa apariencia artificial de vídeojuego (Troya).

Scott y Mathieson tomaron como modelos para la iluminación de los interiores al Caravaggio y, en algunos planos, a Vermeer. Todo rayo de luz tiene su explicación. Los exteriores reproducen el esplendor de las láminas victorianas que ilustraban las ediciones de lujo de las leyendas medievales.

El guión, escrito por William Monahan, es sumamente sobrio: evita olímpicamente los recursos del melodrama y las concesiones al público adolescente. Y aunque técnicamente complejo, su desarrollo dramático minimalista, propio del cine épico puro (Alejandro Nevski), hace incomprensibles las vicisitudes del argumento para el espectador no familiarizado con los hechos históricos en que se basa.

Todos los personajes parecen piezas de ajedrez que se mueven de un cuadro a otro, sin estar desarrollados en sus múltiples dimensiones. El entorno bélico los devora. Son sus rostros lo que permanece en la memoria, en un filme con abundancia de primeros planos.

El reino del cielo narra las aventuras de Balian (Orlando Bloom), joven herrero francés que pierde a su hijo y a su esposa pocos días antes de la llegada de su padre, el caballero cruzado Sir Godofredo de Ibelin, al que nunca ha visto. Godofredo está comprometido con el mantenimiento de la paz en Tierra Santa durante la tregua entre cristianos, musulmanes y judíos que siguió a la conquista de Jerusalén por los europeos en la primera cruzada. Padre e hijo marchan juntos a Jerusalén en busca de un mejor futuro para éste. Tras la muerte de Godofredo en una escaramuza, Balian hereda sus tierras y su título de defensor de Jerusalén. La acción se inicia en el año 1186, poco antes del comienzo de la tercera cruzada, y termina con la reconquista de Jerusalén por Saladino I (Gohassan Massaud) en 1187.

La única referencia al conflicto actual en Bagdad es una frase escrita sobre la pantalla al final de la película. Cualquier otra analogía la tiene que hacer el espectador, sin que la película la sugiera más allá del tema tratado. Scott se ha cuidado de no ofender a nadie, con un filme que se abstiene de tomar partido y concluye con un llamado a la hermandad universal. Aparte del marco bélico, los únicos conflictos que forman parte de la trama se dan entre los mismos cristianos, motivados por las ambiciones de los distintos grupos de poder. Balian es una mezcla de caballero medieval y político progresista contemporáneo. Cuando, derrotado, le pregunta a Saladino: “¿Cuánto vale Jerusalén?”, éste le contesta: “Nada…Todo”.

Orlando Bloom (Legalos en la trilogía de El señor de los anillos y Paris en Troya) carece del rostro épico que el filme exigía (pensemos en el joven Charlton Heston). Para contrarrestar su aire juvenil, actúa con una seriedad tan obstinada que su personaje resulta unidimensional. Siguiendo una tradición del cine épico de la década de 2000, El reino del cielo cuenta con dos grandes actores maduros en papeles secundarios: Liam Neeson (Godofredo) y Jeremy Irons (Tiberias, jefe militar de Jerusalén).

La actuación de Edward Norton, como Balduino IV “el leproso” (1160-1185), rey latino de Jerusalén, es conmovedora, aunque nunca le vemos el rostro, cubierto con una máscara plateada (su trabajo es a base de miradas, movimientos corporales y la voz). La actriz francesa Eva Green, como Sybila, hermana del rey, nos deleita con su rostro de Ava Gardner pecosa. Tiene la mejor frase de la película: “Algún día te arrepentirás de no haber hecho un mal pequeño, para poder hacer después un gran bien”.  
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El reino del cielo