VIERNES 10 DE JUNIO DEL 2005 / EDICION No. 23836 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Brasil: estatismo y corrupción

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Alejandro A. Tagliavini
AIPE

BUENOS AIRES.— El IV Foro Mundial de Combate a la Corrupción en Brasilia fue un espectáculo presentado por Luiz Inácio “Lula” da Silva, cuyo gobierno está siendo sacudido por varios escándalos. Este foro reunió a un millar de representantes de gobiernos, especialistas y ONG que debatieron entre el 7 y el 10 de junio temas como lavado de dinero, licitaciones públicas, medición de la corrupción y cómo vigilar a los organismos de control. Los anteriores foros se realizaron en Washington (1999), La Haya (2001) y Seúl (2003), pero éste es el primero abierto a la sociedad civil.

Lula aprovechó la oportunidad para firmar la Convención de la ONU contra la Corrupción (la misma ONU que protagoniza grandes escándalos como el del programa Petróleo por Alimentos), adoptada en 2003. Lo que parece una broma es que hayan escogido como sede a Brasil, que según Transparencia Internacional es uno de los países más corruptos del mundo.

El Gobierno brasileño a menudo recibe denuncias como una contra un ministro y el presidente del Banco Central y otra por coimas en el Correo que dio pie a la oposición para crear una comisión parlamentaria de investigación que el Gobierno trató por todos los medios de impedir. En el caso más reciente, la Policía Federal detuvo a un centenar de funcionarios y empresarios, quienes a cambio de coimas fraguaban autorizaciones para talar la selva amazónica.

Pero el estatismo no sólo atrae corrupción como consecuencia directa de mayor arbitrariedad, sino que un informe oficial recién presentado reveló un Brasil con un cuadro verdaderamente desolador en las áreas social y laboral, con un desempleo creciente en los últimos 20 años y un agravamiento de las condiciones de pobreza. El estudio fue elaborado por un ente oficial, el Instituto de Pesquisa Económica y Aplicada, según el cual la tasa de desempleo pasó del 6.4 por ciento en 1993 al 10 por ciento en 2003, un aumento de 56.2 por ciento comparado con un aumento promedio de 19.9 por ciento registrado en América Latina.

El instituto brasileño estableció comparaciones con otras regiones y determinó que, en 2003, cuando el desempleo alcanzó 10 por ciento en Brasil, la media mundial era 6.2 por ciento y la de los países latinoamericanos se situaba en ocho por ciento. Brasil es un país con tan mala distribución de la riqueza que el uno por ciento de la población concentra una riqueza mayor a la que posee la mitad de los 180 millones de habitantes. Tal distribución de renta es una de las dos peores entre 130 países analizados y apenas superior a la de Sierra Leona, lo que revela la miseria africana de Brasil. Cuando el ideal anunciado por los intelectuales socialistas es eliminar la desigualdad, es irónico que uno de los países más socialistas del hemisferio sea una sociedad con tan inmensa desigualdad.

El informe precisa que 53.9 millones de brasileños subsisten con menos de 60 dólares al mes. De esa legión de pobres, 21.9 millones fueron incluidos en la categoría “indigentes”, con ingresos menores a 30 dólares mensuales. En Brasil hay 14.6 millones de analfabetos (11 por ciento de la población) y de ellos 9.6 millones viven en las áreas urbanas.

La popularidad de Lula ha sido golpeada, cayendo 10 por ciento en los últimos cinco meses y se ubicó en mayo en 35 por ciento, cuando a finales del 2004 era de 45 por ciento, según una encuesta del Instituto de Investigación Datafolha. El 65 por ciento de brasileños mayores de 16 años piensa que el gobierno de Lula es corrupto, pero quienes desaprueban su gestión siguen siendo una minoría de 18 por ciento.

El autor es analista político argentino.

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