Una nueva acuicultura
Jeffrey McCrary jmccrary2@yahoo.com
Hace unos días, investigadores de docenas de países nos reunimos en la histórica Universidad de Firenze, en Italia, convocados por la UICN, agencia que aboga por la protección de especies en peligro de extinción, con el objetivo de discutir los impactos de las llamadas “especies invasoras” sobre la naturaleza en los ecosistemas acuáticos. Mi participación era la única por toda la región de América Latina, por lo cual la UICN, la Embajada Americana, la Universidad Nacional Agraria y DANIDA vieron la suma importancia de apoyar a la presentación que yo di sobre las repercusiones a Nicaragua y los países vecinos.
La importancia del tema del taller se centra en tres factores que destacan la vida acuática de agua dulce sobre el planeta. Muchas especies de agua dulce se encuentran en muy pocos o pequeños espacios en el mapa. Las distribuciones discontinuas de agua dulce en cuencas mutuamente aisladas sobre la faz de la tierra han dado paso a evolución de un gran número de especies con rangos muy limitados, como ha sucedido en la laguna de Apoyo, el hábitat único de al menos cuatro especies de peces, por eso un sitio de primordial importancia para la biodiversidad.
Ecosistemas de agua dulce también destacan por la vulnerabilidad de su flora y fauna a diferentes presiones causadas por el uso del ser humano. Muchas especies de agua dulce son particularmente susceptibles a actividades como la introducción de algunas especies, las que llamamos “invasoras” por su capacidad de desplazar a flora y fauna nativa cuando son introducidas en sitios naturales. En Estados Unidos, millones de dólares se gastan anualmente en proyectos de remediación y protección de los impactos de especies invasoras en sus ecosistemas acuáticos. En las aguas de Nicaragua, la especie invasora de mayor peligro a nuestra biodiversidad es sin duda la tilapia africana.
Un tercer factor es el carácter del medio de agua, lo que limita severamente la capacidad del ser humano de observar, apreciar y evaluar la vida dentro de ello. Es lo que ha pasado en Nicaragua, donde la introducción de la invasora tilapia ha diezmado a los otros peces y a especies nativas del lago de Nicaragua, lo que ha sido notado por pescadores y científicos pero no dentro de las oficinas de los entes reguladores de acuicultura ni entre el público. Eso porque no cualquiera puede ir a ver cuántos y de qué tipo de pez hay en el agua, ya que es un medio oscurante.
La situación ambiental del sector de acuicultura en Nicaragua es lamentable. A pesar de que los impactos negativos a nuestra fauna nativa causados por la tilapia invasora, que escapa de muchos de nuestros sitios de acuicultura, son poco reconocidos dentro del país, el resto del mundo lo ha notado. Lo que fue presentado hace pocas décadas como una alternativa de alimentación y desarrollo económico se ha convertido en un “hijo de Frankenstein”, causando varios problemas ambientales que no fueron anticipados pero ahora son cada vez más claros y documentados. Hoy en día el resultado de las varias introducciones de tilapias en Nicaragua, en los grandes lagos, las lagunas cratéricas y en los ríos, es ampliamente reconocido entre los investigadores y profesionales en todo el mundo a través de publicaciones en la literatura científica, mientras dentro de Nicaragua, documentos oficiales que alegan que tilapia no presenta ningún peligro a la vida acuática nativa siguen vigentes.
La brecha entre el tipo de acuicultura que se impulsa en Nicaragua y las indicaciones internacionalmente aceptadas para una acuicultura sana para el medio ambiente no debe de ser tan ancha. Los argumentos de que tenemos que aceptar la contaminación y destrucción del medio ambiente para generar trabajos e ingresos ya son agotados, de tiempo pasado. Los principios y las tecnologías para producir productos de pescado en forma amigable con el medio ambiente ya existen, igual como un mercado enorme a muy buen precio.
La certificación de producción para entrar en mercados atractivos no es nueva. En otros sectores productivos, Nicaragua ya es líder mundial en productos certificados como amigables con el medio ambiente: el café, el cacao, la carne bovina, hortalizas y otros han sido comercializados con mucho éxito a través de certificaciones como de producción orgánica, sostenible, y de comercio justo, donde mercados son más seguros, los precios mayores, y los beneficios al productor y el país son múltiples. El momento es propicio de lanzar una nueva dirección en el sector pescado, aprovechando las amplias experiencias ya ganadas en otros sectores dentro del país.
El autor es biólogo, Ph.D

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