Arte
Los caminos del maestro
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Cédula de identidad. Collage, 1987. Hugo Palma-Ibarra. |
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Juanita Bermúdez
“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Antonio Machado
Hugo Palma-Ibarra, managua autóctono, nacido en 1942, es uno de esos seres que no nacen todos los días. Dotado de una sensibilidad especial, probablemente tratando de cumplir los designios que sus mayores, con la mejor de las intenciones, consideraron que podían ser los más indicados para él, a sus 18 años partió para Italia a estudiar medicina. Pero ¿por qué a Italia? Podía haber ido a Francia. Estoy segura que fue el propio Hugo quien eligió el país y más específicamente la ciudad: Florencia. ¿Médico o pintor en Florencia? Obviamente, lo segundo. El entorno de ese lugar mágico lo sedujo y lo ganó para siempre. Pudo haberse quedado a vivir en Italia pero sus orígenes chorotegas, su amor al paisaje nicaragüense, el amor a su familia, en especial a su madre, lo hicieron volver a sus raíces en 1977. No regresó igual, traía a la Toscana en su corazón y los ocres y las tierras quemadas de Siena impregnados en su paleta. Una fusión extraordinaria de dos culturas y dos paisajes produjo a uno de los pintores más destacados de la plástica nicaragüense.
Antes dije que Palma es uno de esos seres que no nacen todos los días, claro que no. Es un humanista, un pintor con una visión integral de la vida. Vive el arte, hace arte pero además lo comparte. Forma y promueve nuevos talentos. A lo largo de su vida ha juntado una extraordinaria colección de arte nicaragüense a la que todos podemos tener acceso en el museo de la Fundación Hugo Palma-Ibarra. Igual que una hermosa colección de arte precolombino, rescató los restos de los mármoles de la iglesia de San Antonio que hoy lucen esparcidos en todos los rincones de su casa/estudio/taller/museo/galería y constituyen su más hermoso homenaje a la ciudad que tanto amamos y en la que fuimos tan felices antes de su destrucción en 1972. En el espacio de Hugo se trabaja todo el tiempo, no se por qué pero siempre está construyendo algo más, en el piso de su estudio están los lienzos en producción igual que los tubos de óleo frescos y los pinceles esparcidos a su alrededor, olor a trementina, olor a vida, y al fondo del patio, una carretilla encaramada en una torre metálica como un monumento al trabajo que ahí ha desarrollado, desarrolla y seguirá desarrollando este incansable creador y al trabajo en general.
Personalmente Hugo es un tipo sencillo y modesto pero con un aura clara y luminosa, aquella que proyectan las personas que están en paz consigo mismas. Es un hombre metódico y ordenado.
Dentro de esta concepción ordenada de la vida, Hugo Palma-Ibarra decidió que era hora de hacer una recopilación de su obra y presentarla al público. Había juntado cuidadosamente todo el material escrito relativo a su trabajo, catálogos de exposiciones, apuntes personales, textos y críticas sobre su obra, recortes de periódicos, en fin todo lo que se ha publicado en Nicaragua y en el exterior sobre Hugo Palma-Ibarra, pintor que es el título del libro que será presentado en la Galería El Águila, el diez de junio de 2005.
Es sorprendente la decisión de Palma de editar este libro. Los artistas no suelen ser tan ordenados. Los artistas no suelen ser tan modestos. Él, en silencio y sin pedir ayuda de nadie, sacó sus papeles, los ordenó cronológicamente, escribió explicaciones breves, dejó plasmado su agradecimiento a las personas que lo han apoyado y sin aspavientos, procedió a editar su libro en el que nos presenta su labor cotidiana desde el año 1973 en que realizó su primera exposición personal en la San Piero Art Gallery, de San Piero in Bagni, Italia, hasta Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas, exposición que organizó junto a otros artistas nicaragüenses en ocasión de los 100 años de la publicación de la obra homónima de nuestro insigne poeta Rubén Darío, en febrero de este año 2005. Esto es compromiso, responsabilidad, testimonio.
Como promotora cultural desde Galería Códice conozco a fondo la necesidad de un currículum actualizado de los artistas. No todos tienen este cuidado. Este esfuerzo de Hugo Palma-Ibarra debe de constituir en ejemplo vivo para los artistas nicaragüenses sobre la importancia de documentar su obra que es fundamental para ellos, para el público y para las nuevas generaciones. Gracias Hugo Palma-Ibarra. 
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