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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 4 DE JUNIO DE 2005
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Luis Urbina: Un pincelazo

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.Consolidado como un maestro de la pintura, su obra abstracta y figurativa fue un aporte invaluable a la plástica nacional

Verdulera con piña. Óleo sobre tela, 2002. Luis Urbina.

 

Arnulfo Agüero

Comentar un poco de Luis Urbina, es remontarnos a la fundación del Grupo Praxis, su galería y su primera exposición colectiva el 23 de agosto de 1963. Debutan como “jóvenes rebeldes” Leoncio Sáenz, Orlando Sobalvarro, Genaro Lugo, Alejandro Aróstegui, Dino Aranda, “El tata”, Leonel Vanegas. En la muestra también participaron los maestros-pintores Rodrigo Peñalba, César Caracas y Omar D’León.

La obra de Luis Urbina, titulada: Embarazo, estuvo expuesta en la amplia sala de la Galería Praxis, ubicada en la avenida Bolívar, del alas Luna, 25 varas al sur. Dicha sede fue luego una especie de escuela-taller. Durante el segundo aniversario, presentó su pintura figurativa Composición. En 1964 participó en San Salvador en la exposición de la Esso Estándar Oil que promovía también la Revista Candil, la que promovió a los artistas jóvenes de la región. Ahí exhibió Monjes y danzas nocturnas. Entonces venía perfilando su particular estilo de composiciones abstractas y geométricas, que desarrolló hasta sus últimos trazos.

Durante la celebración del Centenario de Rubén Darío en 1967, en el Concurso Hispanoamericano de Pintura, donde participaron 67 artistas extranjeros, Urbina presentó: Reflejo en amarillo y Danza.

Al siguiente año envió su obra, Figurines, a la bienal de pintura en Lima. Dos años después regresó a la Galería Praxis donde expuso sus pinturas: Toro guaco, La promesante y La beata. En 1971, año de la celebración del Sesquicentenario de la Independencia de Centroamérica, trabajó sus temas: Clamor indígena, Veraneante y Medallón. En 1972, año del terremoto, exhibe en Galería Praxis tres obras: Miedo a la oscuridad, Mis vecinas y Embarcación para dos. Y para el aniversario de la OEA en 1973, Siestas indígenas.

PINTURAS DEL PATRIMONIO

Otras pinturas de patrimonio nacional y estético se encuentran en las colecciones de La Pinacoteca del Banco Central: Mecanización 1964, Abstracción, 1969, Abstracción y figuración, 1969, Mujer cantarera 1975, y Concepto espacial, posiblemente de la misma década.

Los años setenta, “década de oro” para Luis Urbina, —tiempos de la modernidad de la plástica nacional—, la abstracción, figuración, expresionismo, el arte matérico, las ideas contestatarias, el rescate de lo precolombino, y la crítica fuerte a la dictadura somocista. Pintores de cuya manifestación artística estaba “comprometida con lo estético, lo social y cultural”.

LOS ORÍGENES

De estas corrientes matrices surge Luis Urbina, (Managua, 1937-2005). Carpintero por necesidad, pintor y escultor, egresado de la Escuela de Bellas Artes, en los años ochenta alcanzó varios premios sobre pintura.

A pesar de su desarrollo como pintor y creador de un estilo único, fue lamentablemente excluido del único libro sobre Historia de la pintura nicaragüense. Sin embargo, la pintura de Luis Urbina, está presente como mudo testigo, imborrable en la memoria de sus amigos pintores: Los Praxis, que el pasado viernes asistieron a sus funerales.

LOS MAESTROS

“Cuando era joven, me fijaba en los paisajes de los calendarios y los dibujaba; así comencé. Luego trabajé con mi amigo Manuel Sánchez. En ese tiempo era estudiante de la Escuela de Bellas Artes, y Don Rodrigo Peñalba le impartía clases”, me contó una vez que lo entrevisté hace dos años.

Peñalba fue uno de sus maestros de pintura; el escultor Fernando Saravia otro. El doctor René Sandino Argüello le impartió historia del arte. Asimismo, reconoce las influencias del poeta Pablo Antonio Cuadra en lo concerniente a la conciencia del rescate de lo ancestral e indigenista. Valores que incorporó en sus obras. Cuando estudiante, le apasionaban las realizaciones pictóricas del pintor español Diego Velásquez, por su colorido y formación del dibujo. Otro de los que le llamó la atención fue el cubano Wilfredo Lang por sus trabajos abstractos, y Armando Morales, cuando éste experimentaba este estilo. Pero Urbina ha hecho lo suyo en sus cuarenta y más años de labor, tanto en la pintura como escultura. De ahí han surgido sus múltiples formas que ha reafirmado logrando marcar inconfundiblemente su propio sello a lo muy “Luis Urbina”.

Sobre estas décadas de quehacer plástico, la doctora en arte, María Dolores Torres, valora que su “cosmogonía está representada por una magnífica orquestación de formas geométricas y biofórmicas, una libre espontaneidad, diseño austero, decorativo y elegante en el que resalta su intenso cromatismo”. En tanto Urbina explicó en numerosas ocasiones que el lenguaje de sus obras, eran las formas más que el color. “Por medio de las formas existe una mayor aproximación de este intento”, reiteraba a sus amigos. Por lo que siempre estaba renovando algo en sus geometrías, las que trataba de dinamizar e imprimirle sus valores personales.

También trabajó en la escultura en madera, vaciado y en metal ocasionalmente; su tendencia es hacia lo neofigurativo y abstracto, de formas simples y estilizadas. Para Urbina el “arte” está más allá de las múltiples variantes del mercadeo contemporáneo. “Si viviera en EE.UU. estaría pintando edificios altos, pero como estoy en Nicaragua pinto lo mío”, expresaba este artista que siempre mantuvo ese espíritu de “joven rebelde” que lo caracterizó en la década de los sesenta. Sus obras presentes son el mejor testimonio de su andar por la plástica nicaragüense.  
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Luis Urbina: Un pincelazo


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