Víctimas de ruido
Juan Velásquez Molieri
Mi comunidad y yo somos víctimas de la Iglesia de Dios de Getsemaní, kilómetro 15 carretera a Ticuantepe, 200 metros al oeste.
Cuando hay culto llevan parlantes y guitarras. El ruido es ensordecedor, lo cual contamina el ambiente. Una noche, hace meses, invité al predicador a venir a mi casa a verificar mi queja; entró, se sentó en la terraza y dijo que yo tenía la razón, que el volumen era demasiado, pero no hizo nada.
Otra noche fui y me dijeron que si hubiera una fiesta o una cantina con música yo no me quejaría. Cuando hay culto no puedo estar en mi terraza, no puedo leer y mi familia y yo hasta hemos salido y regresado hasta que han finalizado. A veces llega un predicador que lo hace con odio, violencia, igual a Burt Lancaster en Elmer Gantry. Ya no sé qué hacer, pues ellos me han dicho que son la voz de Dios y que me vaya a quejar donde sea.
La ley contra ruidos debería regular: los ruidos de la noche y madrugadas, el volumen de los parlantes, una junta de vecinos que vigile su comportamiento, sanciones, multas y hasta suspensiones temporales o definitivas.
Apoyo esta ley porque hay miles que padecemos estos abusos. Necesitamos vivir en paz.

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