Hablemos del Idioma
Lea con cuidado
Inés Izquierdo Miller ines.izquierdo@laprensa.com.ni
Hace unos días en un banco un empleado del mismo me preguntaba por qué a veces uno leía mal las palabras de un texto, lo cual conducía a entender algo diferente a lo que estaba escrito.
Esta duda me llevó a escribir sobre el tema de la lectura, que es un proceso muy complejo e interesante.
Si nos remitimos al diccionario de la Real Academia Española veremos que la palabra leer tiene su origen en el latín legre y significa: “Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica. Entender o interpretar un texto de determinado modo como en leer la hora, una partitura, un plano”.
También significa descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido, como en los siguientes ejemplos: “Puede leerse la tristeza en su rostro. Me has leído el pensamiento. Leo en tus ojos que mientes”.
En otros ámbitos se puede aplicar al hecho de adivinar algo oculto mediante prácticas esotéricas referido al hecho de leer el futuro en las cartas, en las líneas de la mano o en una bola de cristal.
También se aplica cuando se alude a un profesor y se refiere al acto de enseñar o explicar alguna materia sobre un texto, con esta última definición no coincido porque pedagógicamente no es positivo ni factible que un profesor llegue a un aula a leer una conferencia o las diapositivas que lleva en su computadora portátil. Ya sabemos que a esos docentes los alumnos los califican como “profesores karaoke” y son la plaga más dañina de nuestras aulas porque están fomentando un aprendizaje memorístico y superficial.
Pero volvamos a la lectura. Muchas personas anhelan dominar la lectura rápida para optimizar mejor su tiempo. Existen cursos que ayudan a mejorar el ritmo de lectura, pero de ahí a mejorar la comprensión del texto va a un trecho muy largo.
La lectura rápida debe ir acompañada del fortalecimiento de las habilidades interpretativas, para que el lector pueda comprender lo que está procesando en su cerebro.
Debo aclarar que hace algún tiempo la periodista Tania Montenegro me hizo llegar este texto, y también me lo envió desde León el doctor José Orlando Morales Navarrete, profesor de la Facultad de Medicina UNAN-León. Lo interesante del ejercicio es demostrar cómo nosotros cuando leemos no vamos deletreando sino que tomamos sílabas aisladas (la primera y la última) y vamos dando por sentado lo que creemos que dice.
Los invito a leer rápidamente este fragmento y a que me digan si entendieron o no lo que aparece escrito.
De aucedro con ivsentigcienoas en una uviserdanid iglesna, no itrompa en qué odren etsén las larets en una plaraba, lo úcnio iprotmatne es que la prerima y úmitla ltrea etésn en el laugr cecorrto. El rteso peude ser un doderesn total y uetsd aún pduee lelera sin núginn plomerba. Esto se dbee a que no loemes cdaa ltrea por sí sloa snio la pablara celtompa.

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