El ruido
Clara Amaya
En el editorial del 20 de julio del diario LA PRENSA se hace una observación sobre la música evangélica. Quiero aclarar al señor editor que esta música tiene sus horarios en horas prudentes.
También quiero recordarle que Nicaragua es un país con fuertes creencias religiosas , pero nunca se han acercado a Dios, principalmente en la era del oscurantismo (sandinismo). Esa fue la época de total irreverencia, irrespeto y blasfemia con nuestro Creador.
En este tiempo el Evangelio ha penetrado caballerosamente en nuestra sociedad para darnos oportunidad para que nos acerquemos a nuestro Hacedor, y recibir misericordia para quitarnos la maldición que ha nublado nuestro país, nuestras familias, nuestros jueces, nuestros líderes políticos y a todos en general.
Somos un pueblo embargado por el dolor, la pobreza y la miseria, pero solamente los evangélicos (cristianos) somos los que clamamos y pedimos ayuda a Dios con oraciones, ayunos, vigilias, alabanzas musicales. Por favor no nos impidan que clamemos Dios con llanto, risa, alegría y júbilo.
Queremos que el diablo y sus demonios tiemblen y salgan despavoridos del trono donde lo tiene sentado la bruja satanista, conocida como compañera de vida de uno de los líderes políticos, famoso por haber empobrecido y dividido a todas las familias de Nicaragua. Según la Biblia, el diablo tiene tres ministerios: robar, matar y destruir (Juan; 10:10) y este líder político ha sido el instrumento que ha usado el diablo.
Estudiante de Teología de Global University,

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