Teatro
El Nica: teatro del migrante
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 | César Meléndez ha llevado a escena la obra teatral El nica 590 veces, en gira por Centroamérica y Norteamérica |
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César Meléndez actuando en El nica. |
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Arnulfo Agüero
El monólogo El nica, actuado por el nicaragüense César Meléndez —con dos horas quince minutos de duración y con más de 590 actuaciones en teatros, parques, casas y calles— ha sido visto por más de 50,000 costarricenses. Esta semana nuevamente se presentó en la sala mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, de Managua.
El nica es el monólogo del crucificado que cuenta sus alegrías y tristezas de ciudadano en su diáspora terrenal, en busca de mejores oportunidades. Este extenso libreto actuado por Meléndez es un trabajo de investigación mezclada con sus vivencias de extranjero desarraigado de su patria, herido de recuerdos y vicisitudes; realizada durante dos años en la Escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica. El lograr su confesión testimonial simulada para el monólogo ha sido de alguna manera el ejercicio de tenacidad que lo llevó a la liberación.
Su relato, que es en parte arista de su vida misma y catarsis, parte de una realidad testimonial ficcionada a través del personaje, José Mejía Espinosa, un joven del Barrio Riguero de Managua, que reclama al Cristo —imagen de la santería católica— el porqué de su tragedia de migrante que, al final de cuentas, es una “dolorosa tragicomedia” de lo absurdo de la existencia humana.
Esta dramática actuación incluye en su menú la desgracia del personaje de haber perdido a su hija en su primer intento por cruzar el río San Juan, (que bien puede ser el río Bravo o río Grande del Norte, frontera común entre el Estado de Texas y México) y las penalidades y dificultades vividas en un país donde el inmigrante nicaragüense es muy discriminado.
Para muchos, esta obra igualmente presenta aristas de doble acción crítica: aseguran la oportunidad de mostrar toda la basura institucional, racista, enfermiza, intolerante ante la creciente ola migratoria. Vale recordar el aporte de los nicas al pueblo tico en el terreno productivo —construcción y agricultura.
Por otro lado, constituye un señalamiento claro contra los diversos gobiernos nicaragüenses que no han sido capaces de general empleo, reducir el índice de pobreza extrema y hambre en muchas comunidades rurales y urbanas.
EL DOLOR ESCÉNICO
Finalmente, en otro ángulo nos preguntamos: ¿tenemos la trivialidad artística de un sadomasoquismo inmigrante? El tema de la explotación descarnada no necesita un guión trágico-religioso, tan extenso y una prolongada descarga de letanía dolorosa culpante y culposa. Unos cuantos minutos de acciones teatrales hubiesen bastado para examinar la expiación del mea culpa o para demostrar este sadismo de violencia institucional internacional migratoria.
Ahora bien, se conoce que la obra, El nica, tiene una tendencia al “martirologio teatral mítico”, ¿pero qué de la liberación, del teatro compromiso, del teatro acción, el alternativo que abandona la comparsa trivial?
El arte no debe de quedar en una “denuncia de consolación comercial exitosa. Lo preocupante de muchos casos es que nuestros actores y dramaturgos puedan llegar a sentir placer con la tendencia de la energía inversa: obtener satisfacción con la crueldad que se inflige a otros, a él al repetir el acto, al público mismo. Esto es denominado sadismo, en “honor” al escritor y filósofo francés Donatien Alphonse-François, conocido por los disfrutadores del dolor como el Marqués de Sade. Pero las preguntas que dejo en el aire son: ¿El monólogo El nica ha logrado traspasar esta frivolidad escénica y comercial “made in gallo-pinto”? ¿Su acción liberadora trasciende el acto del dolor, la angustia del peregrino sin destino conocido?
PROYECCIÓN SOCIAL
Muchos estiman que la alta proyección social de esta obra ha sido un factor determinante para poner en el tapete el eterno drama de los migrantes que viven su dolor en el mundo de injusticia social. “Dialogar e interrogar al Cristo”, mártir del dolor, migrante Nazareno, hurgar en sus heridas propias y darle matriz de monólogo, explica tal vez mejor su tragedia, su “autoexilio económico”... ¿Pero qué nos puede decir el actor mismo? Le dejamos a él la palabra...
LAS RAÍCES DE UN LUCHADOR
Su breve historial nos revela que César Meléndez Espinosa, es “puro pinolero” nacido en el barrio Riguero de la Nicaragua de 1966. Que es el segundo hijo de Ana María Espinosa y de Leopoldo Meléndez García. Su primer hermano murió, pero tiene otro nacido en Costa Rica. A los cuatro años viajó con sus padres a Costa Rica en busca de mejores oportunidades.
Durante los primeros quince años fue el cobrador de una ruta de bus a Tibás, donde trabajó su padre. Luego trabajó descargando trailers, trasladando sacos en el Mercado Central y vendiendo carnes a domicilio.
Esto no le impidió surcar los territorios del arte. Sus primeros pasos fueron dados cuando ingresó a una rondalla musical (grupo de guitarra y acordeón) que tenía el Liceo Mauro Fernández. Esto fue en 1982, pero su primera experiencia profesional se da cuando es contratado como vocalista del grupo Manantial, luego del Blanco y Negro y después, en la orquesta merenguera de Wilfredo Vargas. Al cerrar Manantial, pasó a formar parte del Babee Rasta Band cantando ritmos de reggae.
Posteriormente, entre 1994-95, pasó a formar parte de la banda Pimienta Negra. Algunos de sus éxitos musicales románticos como Discúlpame, Te pido perdón y Hoy vamos a salir, sonaron en Nicaragua hace más de una década.
Todo este breve recorrido por la música comercial fue abandonada cuando dio un salto hacia el formalismo cuando pasó a la Orquesta Sinfónica Nacional. 
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