El Presidente y su paradigma
Denis Silva García dsilva@ucem.edu.ni
El liderazgo del Presidente es una opción, no una posición. Esta afirmación es sin duda, para su administración, un cambio de paradigma.
Para cambiar el paradigma de su administración debe cambiar roles. Estos roles deben estar basados en cuatro atributos básicos de un servidor público: conciencia, visión, disciplina y pasión. Estos atributos están anclados a su vez en aspectos claves como: espíritu, mente, cuerpo y corazón. Este último tiene un peso fundamental, ya que se considera de vital importancia a la inteligencia emocional: este cociente es más significativo que el cociente tradicional.
Son cuatro problemas crónicos básicos de la administración del presidente Bolaños que se relacionan directamente con la ausencia de estos roles: 1) La falta de una visión común acarrea ambigüedad, agendas secretas, juegos políticos y caos. 2) La ausencia de alineación genera competencia entre los ministerios, hipocresía y codependencia. 3) Por su parte, la falta de facultamiento provoca apatía, aburrimiento, ira, miedo y superposición de puestos. 4) Si a esto se agrega la falta de confianza, el resultado puede incluir fracaso en su gestión como líder de todos los nicaragüenses.
Hay herramientas a las que el Presidente puede recurrir para cumplir con éxito la tarea: el establecimiento de una visión de nación y el cuido de su plan de gobierno que nos prometió.
Hay tres constantes en la vida: cambio, principios y elección. El cambio es constante, cada vez más veloz y abrumador. Los principios no cambian, son leyes naturales, universales, están comprendidos en las seis principales religiones, son eternos y evidentes. Es importante construir nuestra cultura sobre la base de los principios.
El Presidente debe cultivar el respeto a la elección de sus decisiones, basada en principios. Frente al cambio constante en el entorno es necesaria una respuesta que no cambie. Hacer que la gente se comprometa con los principios y visión que la gente ya tiene dentro de sí. Esto genera dentro del corazón de cada persona una sensación de dirección. La clave no es trabajar sobre el comportamiento o la actitud sino sobre los paradigmas de las personas. Los paradigmas son como mapas. Equivalen a la manera en que uno ve el mundo, a sí mismo y a las relaciones. La clave es la exactitud del mapa. El mapa de la era industrial podría ser comparado con una máquina con partes intercambiables.
En esta era del conocimiento es necesario un nuevo paradigma: la naturaleza humana está constituida por mente, corazón, cuerpo, espíritu. A partir de allí se desarrollan las cuatro inteligencias: pensar, hacer, sentir, desear. El sentir corresponde con la inteligencia emocional. El éxito de su gestión ejecutiva es más bien una función de su inteligencia emocional que de su cociente intelectual. No se puede actuar independientemente en un mundo interdependiente.
Los principios son universales y al crear una cultura en la que prevalezcan estos principios se crea un paradigma que no cambia. El paradigma tiene cuatro elementos que coinciden con cuatro atributos básicos del liderazgo: visión (mente), disciplina (cuerpo), pasión (corazón), impulso necesario para lograr la visión y ejercer la disciplina), conciencia (espíritu).
Actualmente, la administración del presidente Bolaños se basa en un liderazgo de posición. Es necesario un nuevo liderazgo basado en principios como una opción. Con todo respeto le digo al señor Presidente que Nicaragua necesita un nuevo paradigma.
El autor es Consultor.

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