MIéRCOLES 20 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23876 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Tiempo de inventario y mejorar

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Marco A. Mayorga L.

Los inventarios tienen un gran significado para los individuos y empresas. Es el recuento de lo que se tiene, un balance de los ingresos y resultados logrados durante el año. Es momento de poner en “blanco y negro” las cifras, las realidades y pagar impuestos. Es momento para aceptar nuestra realidad y mejorar.

La realidad se presenta en los estados financieros (personal o empresarial). Es momento de recapacitar, de aceptar las pérdidas reales y oportunidades que no se aprovecharon, de los ingresos logrados y los que dejamos de obtener, de analizar la competencia, de hacer a un lado lo que no funciona o no es rentable, de aceptar el cambio, etc.

Cada empresa o persona que ha disminuido sus riquezas podrá culpar a otros (su entorno socio político), otros aceptarán que la competencia hizo mejor trabajo y otros reconocerán que los consumidores no aceptan sus productos o servicios.

La suma del trabajo de los individuos y las empresas hacen la riqueza del país. Uniendo capacidades emprendedoras y servicios —trabajo— por conocimientos acumulados con esfuerzo en la escuela, universidad o técnico. Después, el continuo dinamismo de la economía es asunto de contar con el país propicio.

Los nicaragüenses viviendo —muchos— en su país y los que buscan oportunidades en otros, muestran su capacidad y ganas de progresar. Son miles los testimonios de compatriotas en los Estados Unidos y en Costa Rica que han alcanzado cierto grado de progreso en poco tiempo. Llevan inventario de su progreso y se replantean el futuro.

Están conscientes de que el futuro es fruto de su esfuerzo. La estabilidad, gobernabilidad y progreso sostenible de los países exitosos es un tema superado que no es discusión. Es una obligación de la clase política con sus ciudadanos. Están conscientes que lo contrario es dañino y causa enredos de culpabilidades que no llevan a nada.

Nicaragua en su historia, continúa en el círculo vicioso de una clase política acostumbrada a llevar a la nación siempre al borde de la ingobernabilidad y límites que soporta la estabilidad social y económica. El no reconocer el compromiso con la Nación y con los ciudadanos de Nicaragua de estar obligados a convivir en una relación de armonía beneficiosa para el progreso del país, ha ocasionado que el país marche en permanentes crisis prefabricadas. Somos expertos a excusarnos y excluirnos de responsabilidades.

Abundan las causas y excusas de culparse entre ellos y por la cual Nicaragua está atrapada en la incultura política autodestructiva que no favorece a nadie. Nicaragua, como los hizo España (Pacto de La Moncloa, 1977), está obligada a encontrar el camino del progreso. Y en 25 años la historia de pobreza, miseria y autoestima, la realidad cambiará.

Es momento del inventario de Nicaragua, reconocer que hemos llevado al país al grupo de los más pobres del mundo; de aceptar que los ciudadanos realizan un increíble esfuerzo para mantener la economía funcionando y creciendo; de reconocer que políticamente nos ven salvajes e incultos. Es turno de la clase política de constituir la cultura del progreso. Ser parte de la solución para edificar gobernabilidad, estabilidad y ambiente político jurídico para el desarrollo socioeconómico. Siempre el diálogo y comunicación efectiva permanente —no coyuntural— es el camino.

Es indispensable partir de la base, que la competencia política personal por gobernar nunca deba llevarse al escenario de perturbar o alterar las bases de la estabilidad y el progreso de la nación de Nicaragua; no debe alcanzar el ámbito nacional. Ésta es la nueva cultura que los ciudadanos aspiran.

El autor es segundo Vicepresidente de AMCHAM.
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