MIéRCOLES 20 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23876 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE





Entrevista - Jorge Chediek, Representante saliente del PNUD
“La política en Nicaragua es un deporte de contacto”

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. Vino a Nicaragua hace cuatro años para hacerse cargo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El viernes pasado salió hacia Perú a ocupar el mismo cargo. Ahora sí habla más abiertamente y da su opinión de lo que vio en el país, donde cree que lo social aún es materia pendiente de los políticos nacionales

 

Octavio Enríquez
nacionales@laprensa.com.ni

El representante saliente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Nicaragua sorprendió hace unos meses cuando apareció como facilitador del diálogo nacional, que pretendía acercar al Partido Liberal Constitucionalista, al Gobierno y al Frente Sandinista.

Jorge Chediek hasta entonces no había tenido una participación política más allá de lo normal para un diplomático, pero el reto era duro.

Los liberales no querían ver ni en pintura al presidente Enrique Bolaños, porque nunca le han perdonado la acusación contra su antecesor Arnoldo Alemán. El acuerdo lucía más posible entre las bancadas de la Asamblea, como se patentizó en una serie de reformas que el mandatario calificó de golpe de Estado y que tiene hoy sumido al país en una crisis.

Chediek estuvo siempre a la par de los actores políticos. Él, que siempre aparecía en los medios de comunicación hablando de los índices de pobreza, de la necesidad de una integración de la Costa Caribe nicaragüense. Al final, el resultado de su participación política no lo vio y más bien vio incumplirse varios compromisos que llevaron a una condición difícil a la gobernabilidad.

Chediek ahora está en Perú, donde se desempeña en un cargo equivalente al que ocupó aquí, pero no por eso ha dejado de pensar en Nicaragua. Desde el avión, prometió que iría haciendo balances. Eso dijo durante una de las últimas entrevistas que dio antes de su partida.



Señor Chediek, después de su experiencia en las negociaciones entre los partidos, ¿qué piensa de los políticos nicaragüenses?

Tengo una gran admiración por los políticos nicaragüenses, porque participaron en una transición de la guerra a un sistema democrático que reconoció Naciones Unidas como un gran logro. Hablando con ellos, tienen una visión parecida de lo que es Nicaragua. Son muy profesionales, pero la política aquí es un deporte de contacto, no un deporte de pensamiento, no es como el ajedrez, es más como el futbol americano o el rugby. A veces es difícil cerrar la negociación y llegar a acuerdos políticos. Es importante que en Nicaragua se busque un consenso.



Usted se declaró hace poco inconforme con los políticos nicaragüenses, porque están en una lucha de poder entre ellosy no se deciden a resolver los problemas que aquejan a los nicaragüenses, ¿por qué temas debería de pasar esa agenda?

En Nicaragua la mitad de su población vive en pobreza, casi la mitad carece de energía eléctrica, tiene una de las distribuciones de ingresos más desiguales del mundo; pero tiene un enorme potencial multiétnico, multicultural, lo que incluye los valores de la Costa Caribe. Ésos son los problemas que los nicaragüenses quisieran que los políticos se abocaran y la población los ve en luchas de poderes que son legítimas, pero los problemas de Nicaragua son de tal alcance que no lo va solucionar un solo gobierno. Se necesita de un plazo para hacerlo, aunque obviamente en la política es lógico que se den algunas discrepancias...



¿En qué estado se encuentra Nicaragua de acuerdo a lo que explica usted?

En una lucha por cuotas de poder, por conservar espacios de distintas maneras y eso está provocando que los poderes del Estado en vez de trabajar armónicamente para resolver los problemas que los nicaragüenses necesitan, están concentrando sus energías y talentos en neutralizarse. Pero lo raro es que todos coinciden en enfrentar los problemas nacionales.



Eso es una contradicción de la clase política nicaragüense. ¿Cómo se explica que todos coincidan en resolver los problemas nacionales y no se ponen de acuerdo?

La dinámica política tiene esos roces, lo que tratamos de hacer en nuestro trabajo es promover que esos problemas coyunturales se resuelvan.



¿Qué sentido tienen estas discrepancias cuando hay necesidades como las que usted está hablando? ¿Qué es lo que quieren gobernar los políticos en el futuro: un país sobre ruinas?

Justamente el hecho de que la clase política nicaragüense no resuelva este problema la ubica en la posición de correr el riesgo de deslegitimarse. La gente ve cómo gastan su tiempo en enfrentarse en una lucha de poder, en un teatro que está fuera de su alcance. El problema también es que la percepción y los resultados no van con eso.



Hay analistas que piensan que esto se va a resolver hasta el día de las elecciones, usted que fue parte de las negociaciones del diálogo nacional ¿cree eso?

Las elecciones son el ámbito por excelencia en la democracia para disipar las diferencias, pero si antes de las elecciones se llegara a acuerdos básicos en relación a temas como la macroeconomía, las políticas sociales de varios años; de salud, educación, de la Costa Caribe, sería mejor. La idea es que estos temas no fueran parte de la batalla electoral, pues sería mejor que existiera una garantía de los actores políticos de que estos temas continuarían en el tiempo sin verse incluidos en ningún problema político entre ellos. Yo creo que algunos temas importantes que no deberían incluirse son: la estabilidad macroeconómica y una ley de educación. El propósito es que se cree un consenso en temas de salud o en otros cómo el DR-Cafta (Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y República Dominicana).



¿Usted cree que esto es posible en la realidad actual?

Las distancias son mucho menores de lo que parece. Hay condiciones en términos objetivos, en términos que lo actores políticos puedan compartir. El problema es a veces el proceso.



Hay observadores que creen que el papel de Naciones Unidas fue de bajo perfil en estas conversaciones, ¿no cree que se pudo hacer más? ¿Presionar, por ejemplo?

Nunca vimos nuestro rol como de presión. Lo vimos como rol de facilitador. Tratamos de acercar a las partes en su visión de desarrollo, de los puntos que le interesan a la gente. Uno de los problemas que hemos visto es que se lanzó la firma de un escrito sin la debida negociación previa para garantizar los resultados. El proceso no pudo ser trabajado y no pude ser visto antes de la firma y eso ha resultado en un problema. Al día siguiente que se había firmado el acuerdo ya había visiones distintas de lo que se había firmado. Nuestra misión sigue siendo que para Nicaragua es conveniente un diálogo. Es muy necesario.



Pero el diálogo que hemos visto es de mentiras. Un día se firman acuerdos y al otro se rompen. Cada día aumentan las tensiones...

Las interpretaciones de los acuerdos son diferentes. Hay falta de confianza, esto ha llevado a que se deterioren las condiciones del diálogo. Ya es momento de que algunas de las partes traten de restablecer las bases del diálogo. Esperamos que lo logren.



Sorpresas con comida nica

Jorge Chediek es un argentino que descubrió mucho de Nicaragua durante su estadía. No siempre le fue bien, pero a la hora de los balances pesan más los recuerdos que tiene de su relación con algunos nicaragüenses, incluyendo la comida nacional que a él y sus hijos los sorprendió en varias ocasiones.



¿Qué siente ahora que deja Nicaragua?

Dicen muchos extranjeros que uno llega a Nicaragua llorando y se va llorando. La razón por lo que se dice esto es que Nicaragua es un país cálido, una vez que uno llega a su gente, ellos llegan al corazón. Entonces uno llora cuando se va. En mi caso no lloré cuando llegué, pero estoy cerca de la gran emoción. Una cosa que me sorprendió es la fraternidad de su gente, cómo abren sus casas. Lo que uno ha vivido en Nicaragua ha sido extraordinario. Tengo varias anécdotas. Al poco tiempo de llegar nos invitaban los funcionarios públicos. Nos sorprendió cómo compartían secretos, cómo compartían información los nicaragüenses en general. Hablan y solicitan opiniones en forma muy abierta. Todos se mostraban y decían cosas.



¿Fue difícil acostumbrarse a la comida nacional?

Claro que sí. Varias veces. La primera vez que mis hijos tomaron pinolillo creían que era chocolate y una vez que lo probaron sintieron las especies que tenía. Lo otro que me pasó fue cuando iba a comer caballo bayo. Yo pensé que llevaba ese tipo de carne (de caballo). Ése es uno de los recuerdos que me llevo de este país (ríe).
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