LUNES 18 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23874 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




“No íbamos a fallarles”

Edgard Rodríguez C.
deportes@laprensa.com.ni

Henry Roa no había conectado un solo hit durante los tres primeros juegos de la Final en Managua.

Sin embargo, el primero que conectó seguro va a permanecer en la memoria colectiva. Fue un cuadrangular de tres carreras que empujó al Bóer hacia el campeonato.

“No había reparado en ese hecho (sin hit en Managua) pero de lo que estaba seguro, es que no podíamos fallarle a tanta gente que vino a apoyarnos y hemos cumplido”, dijo el artillero leonés.

Roa arribó junto a Sandor Guido a la tribu, en medio de una lluvia de críticas de algunos de sus coterráneos, quienes lo más suave que llegaron a decirle fue “traidor”.

“Sin embargo, la gente tiene que entender que uno es profesional, jugar es nuestro trabajo y a lo mejor en los próximo torneos estamos de regreso a León”, afirmó.

Otro leonés que contribuyó al éxito de los Indios fue Aristides Sevilla, quien sacó los últimos dos outs con hombres en las esquinas y la pizarra 5-4.

“Ese lanzamiento llevaba oro, digo yo, porque fue como lo queríamos, que obligara a batear para doble play y salió exacto para que nos coronáramos”, dijo Sevilla.

La pasada temporada del beisbol profesional terminó justamente así, con Sevilla sobre el box aniquilando al equipo de Chinandega en la obtención del título de León.

NO QUERÍA SALIR

Devorn Hansack es un veloz lanzador costeño que arribó a los Indios también del equipo de León. Y se apuntó la victoria ayer, la segunda que conseguía en la Final.

“Yo no quería salir del box cuando Hubert Silva me sacó. A mí me gusta caminar hasta el noveno episodio, pero él es quien manda y tuve que irme”, señaló Hansack.

Mientras tanto, Bayardo Dávila, quien remolcó una carrera en el juego cumbre y ejecutó la doble matanza que aseguró el título, era uno de los más entusiasmado ayer.

“Hoy (ayer) hemos probado a quienes creían que este equipo se desinflaba en Finales, que no había nada de eso, que éramos capaces de reaccionar pese a la recuperación del Matagalpa”, dijo.

A sus 36 años y una extensa carrera en Primera División, Dávila siguió mostrando la magia que ha exhibido siempre con su guante y con él se encargó de ahogar las últimas esperanzas matagalpinas ayer en Managua.
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