(Monólogos)
Gema Santamaría
La gente día con día establece un monólogo sordo, lleno de muecas, soledad y melancolía.
Alzan la voz para que sus oídos oigan y presten atención a las necedades que dictan sus cabezas repletas de miles de pesadillas.
Los ojos ausentes, poseídos por las palabras que tropiezan y que se dan cita en todas sus lenguas, llenando el parque, las calles y sus esquinas.
Las manos se alzan, se quiebran y se deslizan, dirigen la sinfonía de los gritos el exorcismo de las heridas.
Pobres, pobres de los que hablan y de los que gritan, pobres ellos que desconocen que la ciudad se ha quedado sorda, muda y ciega, de tanto metal y locura de todas sus ironías.
Te sabes hombre
Te sabes hombre cubierto de ojos de espirales que todo sueñan laberinto. Así te tiendes, te desdoblas en las alas que muerdes plácido en el piso.
Te sabes hombre manos que sin tierra forman ciegos en exilio. Así sientes, humedeces de sonrisas solitarias mis cálidos delirios.
Te sabes hombre y tú me sabes me desvistes; mujer que al inicio de los mundos te dio placer en el abismo. 
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