Amantes de Irazú
Esthela Calderón Chévez
(A mi amigo Pablo Cristo)
Un manto verde en el fondo donde dos cuerpos languidecen hechos niebla son cadáveres de un río vuelto piedra son lágrimas en la mirada cíclope de los siglos.
Juntos burlaron el maleficio inmutable de lunas agónicas es su menguante.
Una eucaristía de mariposas les enseñó a volar más allá de la senil fiebre de los ángeles, atrapándose en cualquier radiante girasol del plenilunio.
La casa del soñador
Cuando la tierra ya no te alimente más y tus raíces sirvan de estorbo para el suelo, cuando tu cuerpo no pueda beatificar el mármol rojo de tus ramas, aquí te espera la fotosíntesis del filoso cincel que dibujará tu nueva cara gozosa abrazando una cintura anciana.
Calendario
Con dientes de celofán, peregrina se acerca mi noche cabalgando: mueca de monasterio aserrín de doctrinas afeitadas, y liturgias pigmentadas de hielo.
Derrumbada en el espacio de tu risa abastecida de vírgenes jubiladas me encuentro esclavizada, se me ha partido la memoria.
Visto mi cuerpo parchado de promesas para saldar cuentas antes que llegue mi noche: con el mundo de escarchas luminosas donde el manicomio de orgasmos baila con las cenizas de mi soledad.
Madre planta
Enrollada en mis preguntas has llegado hasta la chispa más eterna de mis dudas haciéndome naufragar en mis propios ojos.
Sombra multicolor de la entrega tus palabras entraron licuadas y amargas, beso tus pies de planta diluida en el agua de mi sangre.
Vení, volvé a mis infernales miedos, abrí mi cara con los troncos machacados de tus dedos mostráme los remordimientos de tornasol emplumados para aguardar excavada de luz celeste.
¡Levantáme el castigo de entender!
Actojuicio
A juicio propio quiero entregarte las murallas ondulantes de mis ventanas donde los sicarios se asoman para ahuyentar la ceguera que ya no cuenta con fiestas de vandalismos entre envejecidas carcajadas. No quiero más murallas, me aburrí de saltar.
A juicio propio te regalo el eco de mi calle que quiere vivir en los horizontes abismales de las tiesas venas y esperan despertar con música de trompetas. El eco me tiene cansada , no sirvo para la repetición.
Mi esperanza ha cambiado de domicilio, ahora vive en el laberinto de un pecho abierto y mi valentía a cada segundo practica la danza de tiritar. A ellas también te las doy.
Me quedo conforme con el aire que sopla mi nuca con el columpio de los besos con los calcetines de la dicha con la satisfacción de haber encontrado respuestas pues, no es lo mismo: sólo querer, que querer solo. 
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