JUEVES 14 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23870 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Adiós a don Chinto

Roberto Sánchez Ramírez

El jueves 7 de julio, al atardecer en el cementerio de Masatepe, fue sembrado un viejo roble de 91 años, Jacinto Obregón Mayorga, más conocido como “Don Chinto”. Sembrado, pues hombres ejemplares como él, no pueden ser enterrados, ya que el recuerdo cunde y perdura, igual que el roble fortalece su corteza con los años sin dejar de florecer.

Conocía “Don Chinto” desde que yo era muy joven, a través de mi cercana amistad con sus hijos Oscar y Manuel, más tarde con Jacinto “Chintillo”. Siempre me impresionó su carácter firme y honradez intachable.

Conoció el trabajo desde niño, a base de ingenio y destreza se convirtió en un experto en el manejo de beneficios de café, dominaba la parte mecánica y el procesamiento como pocos. Tuvo a su cargo algunos de los más grandes beneficios en los departamentos de Masaya y Carazo.

Fue padre responsable de una prole numerosa, a la que con grandes sacrificios condujo hasta la universidad. No fue de los que se jubilan o retiran, retó al tiempo y siempre estaba buscando qué hacer. Se casó con doña María Mercedes Sánchez con quien procreó trece hijos de los que viven: Álvaro, Oscar, Manuel, Rosario, Jacinto, Sergio, Cela, Soraya; a Gina su nieta la crió como hija.

De su matrimonio con doña Guillermina Barquero, tuvo a Fabio. Su descendencia sin ser marineros, tiene un faro que ilumina: “Don Chinto”.
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Adiós a don Chinto