MIéRCOLES 13 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23869 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




La ideología de un menso

José Leopoldo Decamilli

La situación en Venezuela es cada día más crítica. Desde que el teniente coronel Chávez subió al poder, hace seis años, las condiciones de la vida material y social se deterioran cada vez más sensiblemente. La concentración del poder en manos del Presidente y de los corruptos paniaguados que le llenan de incienso torna irrespirable la vida en Venezuela.

Con la plenitud de poder de que hoy dispone (gracias sobre todo al puntilloso plan de los especialistas en represión procedentes de Cuba), Venezuela avanza a pasos agigantados hacia la conformación de un Estado totalitario de tinte marxista-leninista. Especialmente después del ominoso fraude del referendo presidencial, intensifica las medidas destinadas a cimentar su poder despótico. El equilibrio de poderes ha desaparecido en Venezuela. El Poder Judicial se ha convertido en una justicia “revolucionaria” que criminaliza a todos los que no piensan o no se comportan como lo desea el Jefe del Estado. El Poder Legislativo respira con el aliento del señor. Los poderes regionales y comunales son en su inmensa mayoría monocolores. Se perfila la formación de un partido único, de un sindicato controlado, de una economía estatizada.

El eje Venezuela-Cuba es una realidad y la alianza militar con el más poderoso ejército de Hispanoamérica (a excepción del Brasil) es un hecho. Los servicios de inteligencia y de seguridad de ambos países han sido fusionados y el terrorífico G 2 cubano se mueve como pez en el agua en Venezuela. Chávez, agradecido por tantos favores, regala a Fidel 2,500 millones de dólares al año, como si fueran suyos. La consecuencia está a la vista de todos los que tengan ojos y quieran mirar. La ola de represión afecta a todas las instituciones y agrupaciones de la sociedad civil. Las cárceles van poblándose con gente inocente y se tortura para doblegar la voluntad de los que resisten a las amenazas.

En un país en el que gran parte de la población del país vive en la más extrema pobreza, el Presidente de Venezuela emplea el petróleo para financiar —otra vez— la revolución continental y el terrorismo internacional, y para militarizar el país. Se le ha ocurrido, además, iniciar un programa de desarrollo nuclear.

Con su “Nueva Estrategia Revolucionaria”, que ha puesto en marcha el 5 de noviembre pasado, acelera al máximo la construcción de eso que él denomina “el socialismo del siglo XXI”.

Es ocioso preguntar al señor Presidente en qué consiste ese socialismo, porque él mismo lo ignora y, en realidad, le importa un comino definirlo teóricamente. En “Habla el Presidente” dice: “Yo no puedo adueñarme del pensamiento marxista y proclamarme como tal, porque no lo conozco (...) He leído elementos del marxismo, pero de forma superficial”.

Chávez impulsa entonces una revolución socialista y del siglo XXI sin saber lo que eso es ni adónde va. Como confía ciegamente en Fidel Castro, se deja llevar dulcemente de la mano, sin ni siquiera barruntar que el socialismo de Castro no es del siglo XXI, y entre los del siglo XX es uno de los más primitivos y feroces.

Desconsuela y entristece constatar que es precisamente este hombre, Chávez, que blande como un energúmeno una pancarta cuyo texto ignora, según propia confesión, el que se ha convertido en el nuevo titán de la renovación revolucionaria del subcontinente americano, por los que siguen soñando con una resurrección del comunismo, que es ya cadáver putrefacto.

El autor es profesor emérito de la Universidad Técnica de Berlín.
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