MIéRCOLES 13 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23869 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




De interés nacional

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Mauricio Díaz Dávila

En medio de la vorágine discursiva que caracteriza la discusión política en Nicaragua, hay una realidad silenciosa que va imponiéndose: la voluntad mayoritaria de la población por vivir en paz, con trabajo y esperanzas.

No pasa por las necesidades de las grandes mayorías la argumentación artificial de los “ideólogos” del pacto sobre la vigencia de sus reformas o la imprescindible utilidad para la estabilidad de la nación del matrimonio Alemán-Ortega. La fuerza de los hechos va inexorablemente demostrando, una vez y otras veces más, que el pueblo nicaragüense no se deja engañar.

Desde que tengo uso de razón resuena en mis oídos la expresión: “Este año es crucial”, por décadas soñando con que esos años eran cruciales para la caída de las dictaduras de turno, esperanzados con el nacimiento de una nueva Nicaragua, y ya han pasado, por lo menos en mi calendario personal, más de medio siglo de frustraciones políticas por las traiciones nacidas de las ambiciones personales. Pero como dice el refrán: “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y todo indica que la crucialidad ha llegado a su fin, pues tenemos ahora la oportunidad de superar ese estancamiento provocado por la politiquería, que pretende tenernos en estado de crucialidad permanente, para subirnos a la autopista del desarrollo con una visión de futuro, de estabilidad y sustentabilidad pero sobre todo en libertad.

Para arribar a ese futuro debemos estar claros que no debe triunfar la pretensión del pacto de dejarnos anclados al “modelo” que pretenden imponernos, ese “pacto de reparto” al mejor estilo bucanero, donde todas las instituciones del Estado, que están para servir y no para servirse de ellas, se encuentran “colonizadas y canibalizadas” con una nueva suerte de figura nacida de esa alianza perversa, el pactívoro, el que vive del pacto, se alimenta del pacto, vive para el pacto en detrimento del país.

Lo anterior pasa por rechazar la imposición de reformas a la Constitución hechas a espaldas del pueblo, sin su consulta ni su aprobación. Impuestas por el pacto. Que pretenden colonizar el último bastión de poder no supeditado a la pretensión de la dictadura bicéfala, el Poder Ejecutivo. No es cierto como ingenuamente sostienen los adláteres del orteguismo que éstas son reformas parciales a la Constitución, pues conllevan la pretensión de desnaturalizar, de transformar la naturaleza jurídica del sistema político trasladando funciones vitales del Poder Ejecutivo al Legislativo, intentando no solamente gobernar desde abajo sino desde en medio del aparato político institucional del país. La estrategia del FSLN ha sido eficaz y eficiente y la ayuda generosa del PLC los ha llevado a controlar casi todas las esferas del poder político, pero la dinámica irrupción de la sociedad civil está creando un nuevo e inesperado fenómeno que arranca de la propia conciencia ciudadana, sin “santos” ni consignas partidarias. Es la esperanza de la Patria.

Nuestro país, víctima final de la guerra fría y último test experimental en ese conflicto entre comunismo y democracia, no ha salido aún de la trampa en que nos ha metido el maquiavelismo profesional desde el FSLN y el pragmatismo corrupto desde el PLC, ambos asociados ilícitamente en contra del país. Tanto para uno como para el otro es más favorable a sus pretensiones que sigamos en la vorágine y el desgaste de la politiquería discursiva, en otras palabras que Nicaragua no mejore, que siga en el círculo de la pobreza, que la población se desencante de la democracia prometida, pues ese caldo de cultivo son los votantes o, peor aún, las abstenciones en el ejercicio del sufragio, lo que provoca un daño mayor e irreparable a una democracia joven. Por ello debe ser objetivo estratégico de los demócratas tanto la consolidación de los valores e instituciones democráticas como una economía libre, de mercado, basada en la equidad y de contenido social, elemento imprescindible en un país que como el nuestro sufre altos niveles de pobreza y desempleo.

De interés nacional son entonces la paz, la estabilidad, el progreso, la libertad entendida como la capacidad de tomar decisiones sin presiones ni chantajes.

En el interés nacional no está el diálogo bajo las condiciones establecidas por el pacto, ni la propuesta del “comé y comamos” presentada al Presidente de la República, ni acciones judiciales que premien con la impunidad a los delincuentes.

En el interés nacional hay sed de justicia y ansias de progreso. De estabilidad para trabajar en paz y no tener que emigrar, pues aquí tenemos mucho que hacer.

En el interés nacional no están los caudillos ni los pactos. Está la Patria.

El autor es Diplomático.
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