Opinión económica
Fragilidad macroeconómica y política
Néstor Avendaño
La economía nicaragüense aparentemente goza de buena salud, pero navega en un mar de deudas públicas tanto externa, ya reducida y muy concesional, como interna, muy pesada y onerosa para la mayoría de la población. Siempre que se arriesgan los desembolsos de préstamos multilaterales por atrasos en las reformas estructurales de la economía, surge el estribillo verdadero que la estabilización macroeconómica está muy frágil, pero ahora tan frágil como la madurez de los dirigentes políticos de nuestro país dada la crítica confrontación entre los poderes del Estado, la preocupante debilidad institucional y el deterioro de la gobernabilidad.
El esfuerzo que debería hacer toda la dirigencia política del país es garantizar la estabilidad presidencial y darle una previsibilidad y continuidad con el fin de buscar las soluciones a los graves problemas socioeconómicos que enfrenta la nación. No es difícil demostrar que la Presidencia de la República no puede funcionar sin un mínimo apoyo de la Asamblea Nacional, especialmente en cuanto al cumplimiento de las condicionalidades de reformas estructurales del programa económico del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Nicaragua.
Entre los principales resultados económicos del primer semestre de este año se destacan la desaceleración de siete décimas porcentuales en el desempeño de la producción; una inflación semestral que ronda el 6.5%; la reducción de casi US$50 millones en las reservas internacionales brutas, provocada por el cierre de las ventanillas de préstamos muy concesionales del Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo BID), así como las del FMI, que se observa desde el tercer trimestre del año pasado; la contracción de tres por ciento en el monto real de dinero que circula en el mercado; la invariabilidad del costo del dinero en el mercado local desde diciembre pasado; y la concentración del 68% de los préstamos en comercio, tarjetas de crédito, hipotecas y gastos personales.
En el ámbito del comercio exterior se nota la buena noticia de que el valor de las exportaciones sigue mostrando una tendencia creciente gracias al café, el ganado en pie, el frijol, la carne de ganado vacuno y el azúcar, pero por otro lado, el valor de las importaciones se altera, primero, por el alza de 40% del precio internacional del petróleo en el primer semestre de este año y, segundo, por la creciente adquisición de bienes de consumo no duraderos, principalmente alimentos, medicinas y productos farmacéuticos.
La banca central ya no puede reducir las expansiones monetarias provocadas por sus pérdidas operativas (que están asociadas con el pago de intereses y el mantenimiento de valor de sus títulos valores) a través de la colocación de Letras Estandarizadas y Títulos Especiales de Inversión, sino que las contrarresta parcialmente con el incremento de los depósitos del sector público no financiero en la misma banca central. Aparentemente, los inversionistas financieros locales no han tratado de adquirir títulos valores emitidos por la autoridad monetaria, en espera de 'atractivas' tasas de interés en esas operaciones de mercado abierto, que surgirían después de una 'confirmación' del desalineamiento del programa del FMI en nuestro país.
Pero esa 'hipotética' situación se aleja con la reciente flexibilidad del FMI no sólo en el manejo del déficit fiscal sino también en la aprobación de las leyes que apuntan a la sostenibilidad fiscal y al fortalecimiento de la supervisión sobre la banca comercial local; en otras palabras, la banca central no tendría necesidad de buscar un nuevo endeudamiento interno para garantizar el pago anual de, al menos, US$65 millones en intereses y amortizaciones de la deuda externa, principalmente al FMI, BM y BID, y para aumentar en US$30 millones las reservas internacionales de la banca central con el fin de 'fortalecer' la estabilización macroeconómica.
Las autoridades gubernamentales continúan marchando lentamente en el proceso de reestructuración de la deuda con países que no son miembros del Club de París y en la recompra del remanente de la deuda con la banca comercial en el marco de la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (PPME), y se recibió la agradable noticia de la condonación de la deuda total del país con el FMI y el BM en el marco de la iniciativa británica para aliviar la pobreza especialmente en África.
Ojalá que con esta nueva oportunidad se pueda observar, por primera vez en Nicaragua, la necesaria transparencia en la formulación del presupuesto nacional, con el fin de asignar correctamente los impuestos liberados del pago de la deuda externa —aproximadamente US$1,000 millones adicionales a la deuda ya perdonada— en el financiamiento de los proyectos de reducción de la pobreza humana del país, debido a que en el marco de la Iniciativa PPME se registró el hecho tragicómico que el Gobierno no disponía de recursos para financiar el vaso de leche a los estudiantes de primaria en las escuelas públicas.
Sólo el diálogo, con una visión nacional, nos conducirá a la tranquilidad y a la adopción de soluciones para enfrentar los efectos de los precios de los combustibles sobre las tarifas de la energía eléctrica y del transporte colectivo de pasajeros, los compromisos gubernamentales contraídos con poblaciones muy afectadas en el norte y en el occidente del país, y la formulación de un presupuesto nacional para 2006 que privilegie la educación y la salud pública. La nación necesita de una gran madurez de los políticos, con el fin de fortalecer y consolidar la capacidad estatal de resolver equitativamente nuestros problemas con una creciente participación de la sociedad.
En la actualidad, la institucionalidad y la gobernabilidad de nuestro país se encuentran en un riesgo severo, mucho más grande que la precaria estabilización macroeconómica que hoy comienza a gozar, de nuevo, de la flexibilidad del FMI hasta finales de la actual administración pública.
El autor es economista.

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