Rehenes
Leopoldo Villalta López
Caminando sobre la recién construida carretera a Waslala, que llegaría hasta la Costa Atlántica hace 30 años, recordé cuando los guatusos se había regresado a recoger otros pasajeros entre el río Yaoska y Waslala en aquella camioneta Nissan, mientras esperábamos en la casa de don Toribio. Allí me llamó la atención un afiche de Tachito con sus anteojos de lechuza puesto sobre una repisa y una veladora encendida.
Al notar nuestra curiosidad, don Toribio nos dijo: parezco rehén de la foto de mi general, pero le saco provecho pues me da libertad. Y continuó: si viene el técnico del Banco y ve mi devoción por el santo, de inmediato me autoriza mi crédito, el teniente Silva o el turco a cada rato pasan patrullando con 30 guardias, sólo se toman su cafecito y nunca dan problemas. Hace poco pasó la Dinorah —amiga de Tachito— en una tortuguita (Volkswagen), inaugurando la carretera, y me dejaron mi buen regalo
Recuerdo también que hace 15 años los diputados aprobaron una amnistía para proteger a cualquier persona que cometiera delito en los próximos dos meses, fuimos rehenes de un increíble sistema pero surgieron hombres valientes y honestos que lucharon por justicia y libertad a favor de los nicaragüenses, unos fueron encarcelados otros desterrados, pero siempre se les señaló como antorchas que daban esperanzas y un poco de luz en la oscurana que vivíamos.
Ahora, me pregunto: ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad, la luz y la oscuridad? Nada. Don Toribio diría que son muchachos con buenos sentimientos, pero hoy son rehenes de alguien; el doctor Pedro Joaquín Chamorro, diría: “cada quien es dueño de su propio miedo”.
Lo que hoy hacen será premiado o cobrado pero nunca olvidado, a nosotros sólo nos queda usar la fuerza de la oración y presentar recursos de fe y pedir ante el mismo Dios que nos dé la libertad para tantos rehenes. Por el momento, “Soportaos unos a otros” (Colosenses 3.13).

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