A tu hijo, ¿no le gusta leer?
Ernesto González Valdés revista@laprensa.com.ni
Está comprobado que leer es una actividad fundamental para adquirir conocimientos y que aquellos niñas y niños que leen bien, obtienen mayores éxitos y mejores calificaciones en los estudios. Todos los/as maestros/as y profesores/as coincidimos en que tener el hábito de leer es una condición necesaria para aprender con más facilidad. En las aulas nos encontramos con dos grupos de alumnos: aquellos que leen bien y les gusta leer, y los que tienen dificultades para leer, no les gusta y, por lo tanto, leen muy poco o incluso nunca. Y para colmo, algunos padres de estos alumnos reacios a leer acostumbran a pedir ayuda: ¿Qué puedo hacer para que mi hijo lea más?
¿Por qué no leen nuestros hijos? A menudo se oye que la causa principal por la que no leen los jóvenes de hoy en día es la televisión. Puede ser que este cine casero no ayude a promocionar la lectura, ya que es más pasivo que el libro, exige menos esfuerzo mental, es más atractivo para los pequeños, etc. Pero deseo notificarle amigo/a lector/a que ya Rousseau, en el siglo XVIII, calificaba la lectura como “el azote de la juventud”, lo que indica que, cuando no había televisión, leer también era una actividad poco atractiva para muchos jóvenes.
En segundo lugar que, a pesar de que siempre se dice que se lee poco, nunca se ha leído tanto como en estos momentos y, a veces, la televisión, aunque parezca mentira, usada racionalmente, puede ayudar a leer. Así, es frecuente que las series televisivas de más audiencia disparen la venta de los libros en los que se basa, como ocurrió con la novela Harry Potter. También nos encontramos que cuando hablas con una persona que ha leído desde niño, normalmente dice que su padre, su madre, un abuelo... era un gran lector que, con su ejemplo y cariño, le enseñó a amar la lectura. El niño que no tiene un buen modelo tiene menos probabilidades de ser un entusiasta de la lectura.
¿Qué hacer entonces? Que nos vean leer. El ejemplo es, en educación, el argumento más convincente porque posibilita la imitación, animando al niño o la niña a hacer aquello que hace una persona que tiene prestigio para ella como es su padre o su madre. Además, si yo no leo, ¿cómo voy a decir a mi hijo que leer es muy divertido? ¡Si no me ve leer nunca!
Leer con ellos, sugerido por el/la profesor/a guía, ya que nos indica que a nuestro hijo le cuesta leer y debe “practicar” en casa, no lo hará si lo dejamos solo ante el libro en su habitación. En estos momentos necesita nuestra ayuda y nuestro apoyo para que ejercite durante 10 minutos cada día.
Leer con ellos supone, por ejemplo, repartirnos la página, llegando a un pacto: “Yo leo el primer párrafo y tú el segundo, ¿de acuerdo?
Recuerde que mover la voluntad de su hijo hacia la lectura requiere, como todo en educación, que estas técnicas y otras que usted pueda inventar, las apliques con sentido común y con amor.

|