LUNES 11 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23867 / ACTUALIZADA 2:17 am





EL HUMOR DE




RAAN
Cayos Miskitos,de reserva a ciudadela

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. En cada islote se han construido decenas de casas, cuyas bases son numerosos pivotes de madera extraídos de los bosques de los mismos, con lo que se ha herido la reserva biológica marina más grande de Nicaragua

Este pescador artesanal raja leña en la casa que construyó en los Cayos Miskitos, la cual utilizará para el fogón de su cocina. En Cayo Grande hay 300 casas, cuyos habitantes se abastecen de leña del bosque de los manglares.

 

Walter Treminio Urbina/Corresponsal
departamentos@laprensa.com.ni

PUERTO CABEZAS.- Los Cayos Miskitos dejaron de ser una reserva biológica marina, para convertirse en una ciudadela que prácticamente está siendo erigida sobre las aguas del mar Caribe, donde residen centenares de familias de pescadores que, en su mayoría, provienen de Sandy Bay Tara y Bilwi, en la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN).

Rodeando al Cayo Grande, por ejemplo, hay un poblado de 300 casas, cuyas bases son troncos de árboles que han sido talados en los mismos. Éste es el poblado más grande aquí. Dependiendo del tamaño de la casa, su base puede tener de 12 hasta 24 pivotes, los cuales son “clavados” en el lecho marino. En ellas viven el pescador y toda su familia. Allí cocinan con leña, lavan y realizan sus necesidades sobre el mar.

Se da también intercambio de combustible (gasolina), hay bares, pulperías y hasta una discoteca. Por ello, sus habitantes le han dado el nombre de Tawa Sakia a la reserva de los Cayos Miskitos, donde viven alrededor de mil pescadores artesanales que se dedican a la pesca de la langosta, el marisco más cotizado en el mercado internacional.

En los bancos de pesca de la reserva, los cuales constituyen cinco cayos, hay más de 400 casas. En los Cayos Maras hay 63 casas construidas, mientras en los Cayos Witis existen 23. En Harison Denis han sido construidas 14 casas. Esto está atrayendo a más pescadores, mientras a la reserva se le hiere con el despale causado para la construcción de las casas y el uso de leña.

Según un estudio de la Secretaría de Recursos Naturales del Gobierno Regional (Serena), elaborado en coordinación con la Dirección de Áreas Protegidas de la delegación del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena) de Bilwi, la tala está perjudicando a los manglares de los cayos. La reserva está herida.



MANGLARES: LA VIDA DE LOS CAYOS

Debido a esto, el concejal regional Mario Mora Lacayo, dice que la municipalidad de Bilwi tiene a lo inmediato que parar las construcciones de las casas y regular la presencia de las personas en los cayos.

Agregó que como autoridad solicita a la Comisión Forestal del Consejo Regional de Atlántico Norte, que haga a lo inmediato una valoración del despale de los manglares que son la vida de la reserva y las especies marina, así como del grado de contaminación que actualmente tienen los bancos de pesca.

La preocupación no sólo es de Mora. El presidente del Consejo Regional, Juan González, destacó que la vida en los Cayos Miskitos son los manglares, donde se reproducen muchas especies del mar y sobre todo dan protección a los bancos de pesca.

“Estamos preocupados y vamos a coordinar todos los esfuerzos que estén en nuestras manos para regular la actividad de vida que se vive ahora en la única reserva marina que tiene Nicaragua”, afirmó González.



TABLONES DESDE BILWI

Los pescadores artesanales que salen de Bilwi a “vivir” en los Cayos Miskitos, llevan en los Duri Tara —una especie de cayuco grande, como llaman a la embarcación miskita— algunos tablones y pilares que utilizan para construir sus casas. Sin embargo, los postes de las bases de las mismas y la leña que ocupan los pescadores artesanales, son talados en los manglares.

“Esos árboles son la vida de los bancos de pesca y sería lamentable que en pocos años queden secos”, dijo Juan González, presidente del Consejo Regional en la RAAN.

Melvin Miranda, de la Secretaría de los Recursos Naturales del Gobierno Regional (Serena), dijo a LA PRENSA que han recomendado en varios informes que hay que proteger la reserva. “Existe un estudio del impacto ambiental, el cual ha confirmado el grado de contaminación existente, producto del descuido de los mismos pescadores que tiran al agua desechos tóxicos, pescados muertos, conchas de tortuga, aceite quemado y otras sustancias”, explicó.

Según el especialista, se tiene que elaborar un plan de manejo de impacto ambiental que regule a los trabajadores del mar que llegan a la reserva en los nueve meses de la pesca de la langosta.

Los grados de contaminación y el despale de los manglares incrementan cada día y las autoridades regionales, municipales y centrales, tienen que hacer algo de inmediato, pues de lo contrario las especies marinas morirían.



ZONA DE VARIAS ESPECIES MARINAS

En la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN), los Cayos Miskitos son un verdadero paraíso. Están constituidos por pequeñas islas, algunas con playas de arena blanca y abundante vegetación.

Son un resguardo para la vida silvestre y marina. A su alrededor, en el mar, existen bancos de coral y pastos submarinos que sirven de refugio para manatíes y tortugas marinas.

Desde Cabo Gracias a Dios, hasta Puerto Cabezas, se extienden 120 kilómetros de islas, bancos de arena y formaciones coralinas, que desde 1991 pasaron a ser parte de la Reserva Biológica de los Cayos Miskitos.

Esta reserva se encuentra a unos 77 kilómetros al noreste de Puerto Cabezas. El cayo más grande, conocido por los miskitos de la zona como "Big Cay", tiene un área de 37 kilómetros cuadrados y es el único que presenta gramíneas, ya que los otros islotes son sólo de manglares.

También es el único en el cual hay agua dulce. Existe la creencia, entre los pescadores del lugar, de que en ese Cayo Grande viven los fantasmas de los piratas que hace varios siglos asolaron la Costa Atlántica, razón por la cual nadie duerme en él, lo que lo convierte en un cayo visitado únicamente durante el día.



POR DECRETO

La Reserva Biológica Marina de los Cayos Miskitos fue incorporada al Sistema de Áreas Protegidas, por decreto Ejecutivo en 1991, publicado en La Gaceta, diario oficial, el 4 de noviembre de ese año y, según el mismo, su área protegida comprende un radio de 40 kilómetros que parten del Cayo Grande como centro. Además, la reserva contiene una línea costera de 20 kilómetros, desde Cabo Gracias a Dios hasta Wounta.
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