El Partido Liberal
Iván de Jesús Pereira*
Me hubiera gustado escribir este día sobre la hazaña de Benito Chavarría, Paulino Godoy y Anastasio J. Ortiz, quienes respaldados por el ideólogo Francisco Baca H. en una maña leonesa se tomaron el cuartel de la vieja metrópoli y al arrebato de campanas iniciaron la revuelta más exitosa que conoció Nicaragua en el antepasado siglo.
Igualdad de los ciudadanos ante la ley, separación Iglesia-Estado, divorcio civil, Registro Civil y cementerio laico, nueva y moderna legislación, en lo civil, penal, procesal y mercantil fueron algunos de los logros que el Partido Liberal llevó a cabo en su ideario revolucionario. Con el pasar del tiempo, vendrían otros avances: voto femenino, Código del Trabajo, Seguro Social, construcción de carreteras, hospitales, educación primaria y secundaria al alcance de todos, escuelas normales y politécnicas, autonomía universitaria. En otras palabras, modernización del país; pero, sobre todo, la fundación de la clase media.
Me hubiera gustado hablar de los hombres que han fortalecido al Partido Liberal, desde el centroamericanista Máximo Jerez, quien se paseaba a lomo de caballo de un extremo a otro del istmo con el sueño de la unión de Centroamérica; pasando por el corpus doctrinario de José Madriz, sin olvidar la difusión ideológica de Leonardo Argüello o los mensajes a la juventud de su hermano Santiago. ¿Y qué decir de Juan Bautista Sacasa, trágico Presidente y caballero por el cual el país se abocó a la guerra civil para defender la constitucionalidad de la República?
¡Cómo olvidar a hombres como Mariano Barreto, Rodolfo Espinosa, Carlos A. Morales, Adán Selva, Modesto Armijo Lozano, Idelfonso Palma Martínez, Mariano Fiallos Gil, Enrique Lacayo Farfán, Rene Schick Gutiérrez, Juan Manuel Gutiérrez, Humberto Alvarado, Ramiro Sacasa Guerrero y tantos otros!
Pero hoy la gravedad de los acontecimientos políticos, la incertidumbre que reina en el medio ambiente, la zozobra y la falta de una estabilidad política hacen que esta fecha memorable no pueda ser celebrada como lo merece. Hoy el Partido Liberal se encuentra dividido, una lucha intestina entre la bancada parlamentaria del partido y el presidente liberal tienen al país de rodillas.
Pero lo más grave hoy es que el partido se encuentra secuestrado. El pacto entre el doctor Alemán y don Daniel Ortega ha obligado al partido a ceder todo los espacios de poder y a renunciar a favor de su enemigo natural.
El liberalismo, que ha sido elemento estabilizador, hoy es percibido como factor de desestabilización, unido en una vergonzosa componenda a aquéllos que se han identificado por sus principios antidemocráticos. En vez de reforzar nuestra alianza con Estados Unidos de Norteamérica, la bancada liberal con ánimo de reto ha saboteado la destrucción de los Sam-7, ha postergado la ratificación del TLC y ha obstaculizado la entrada de Nicaragua en la Cuenta del Milenio.
A nivel interno, la bancada liberal apadrinó la oprobiosa “Ley Arce” que elimina las exenciones fiscales otorgadas a los medios de comunicación y se ha repartido con el FSLN una cantidad de puestos públicos. ¿Qué obtuvo el liberalismo con todo eso? Nada, absolutamente nada; lo único que ha demostrado es una lealtad monolítica al doctor Alemán.
Pero el partido no es, ni puede ser, sacrificado por una causa que no tiene futuro, si se pretende poner en la mesa de negociaciones como condición sine qua non para llegar a un entendimiento.
El partido tiene que ser un ideario, una bandera. Estoy claro que al lado del doctor Alemán una corte de ineptos, por un lado, y por otra un “profesional” de la política que se caracteriza por su proclividad al sandinismo, pretenden seguir obstaculizando el futuro. Creo que es hora de que líderes mucho más potables asuman la conducción del partido para lograr la unificación liberal y restablecer las heridas.
La elección del candidato tiene que pasar por una elección primaria, que fortalezca las bases liberales y le permita erguirse como la nueva fuerza rectora que encabezaría la lucha para evitar que el danielismo asuma el poder.
Si no se logra esto en corto plazo, el liberalismo será desplazado como factor de poder, don Arnoldo quedará en El Chile, sepultado, como fue en su momento el liberalismo somocista, rodeado de una corte de corifeos, sin recursos, ni aliados y sin bandera para alcanzar una victoria en las elecciones que se avecinan.
* El autor es Abogado

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