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De patria y lengua
Juan Carlos Vílchez
Primero se vende el territorio lo de las palabras viene después.
Ocurre en todas partes pero en estos confines se exacerba hasta el delirio.
Antes ya lo habían anunciado Pessoa y Saramago “la patria es solamente la lengua” tierra de inciertos sonidos que algunas tardes insisten en florecer.
Después de cada transacción los propietarios arrojan a los campos tercos demonios verdes y en las miradas ya esquivas otros signos maduran otras posesiones.
Opciones
Una mente muy lúcida es algo así como una antorcha un faro que derrama a su alrededor enjambres de luz para iluminar los rumbos de la vida.
Tiene sólo dos opciones.
Consumirse en el incendio de sí misma o provocar desprendimientos de retina la ceguera en los otros la marcha a tientas por la intensidad del brillo capaz de revelarnos las nervaduras y filigranas del abismo la textura de todas las ausencias del vacío. 
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