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El palo de mamón

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Escenas de la obra teatral El palo de mamón, de Lourdes Chamorro César.

 

Octavio Robleto

Una casa hacienda estilo colonial y en el centro del patio un palo de mamón, da origen al drama de Lourdes Chamorro César, para crear su obra de teatro El palo de mamón. En ella intervienen más de una veintena de personajes en los tres actos de dicha obra, muchos de ellos repitiéndose jovencitos y adultos pero ya con sus características síquicas bien definidas que, a lo largo de la obra van aflorando a su debido tiempo: caprichos, voluntariedad y toma de decisiones, que al parecer, son intempestivas, pero que no es así. Cada personaje viene conformado desde su origen; trae la semilla de su personalidad y ésta, en el momento menos pensado, nace y vive en escena.

No son decisiones violentas sino que vienen germinando a través de los años y de pronto estallan. Personalmente asocio esta obra con el relato bíblico de la creación edénica, y hay personajes que así lo confirman. Primero en las escenas 4ta. y 5ta. del primer acto. Aquí el personaje de Sor Celina detalla en lo que intervienen Eva, Adán y la serpiente. Sor Celina hace hincapié en la fuerza que tienen las tentaciones del demonio y en la caída en pecado de nuestros primeros padres. Posterior al relato de la monja se desarrolla el diálogo en donde Mariana, Paula y dos niños desmenuzan las posibilidades del resultado si este hecho no hubiese acaecido.

A propósito de la creación yo la imagino de esta manera:

“El río se deslizaba, cantarino.
Había sol y viento y agua.
Pájaros, frutas, hierbas.

—Oh — bostezó pensando que todo está bien, pero inconforme.
Modeló un poco de barro a su imagen y semejanza. Y sopló. La imagen vagaba solitaria por entre el río, los pájaros, las frutas y las hierbas.
Le mando el sueño. Extrajo un hueso de su costado y modeló de su costilla.

— Oh — dijo sorprendido.
Y vio a la pareja vagar por la orilla del río.
Había sol, viento y agua.
Pájaros, frutas, hierbas.

Los pájaros cantaban.
Las frutas eran dulces.
La hierba era suave bajo dos
cuerpos desnudos.”


Porque en la obra de Lourdes hay una concepción paradisíaca en voces de sus personajes, porque todos son creyentes y lectores de La Biblia y del Génesis, como ella es de La Biblia y de El paraíso perdido de Milton; en cambio, para Mariana y Paula, las tentaciones demoníacas son fatales y en las que fácilmente se puede caer a causa de la fragilidad humana y de la debilidad de la carne.

Pecados como la ira, la soberbia y la vanidad provocan vacíos en los que el cuerpo y alma dan traspiés con gran facilidad; Mariana ha demostrado esto en escena cuando no quiere ponerse los zapatos viejos y a los nuevos les ve defectos inaceptables.

Caprichos, sí, pero que dan comienzo al pecado venial.

Un paso más y el cielo pecaminoso se cerraría. También el padre Pío se refiere a las tentaciones en la escena 2da., del Segundo Acto y es más especifico al respecto afirmando:

“Nadie está exento de tentaciones; aunque vivir en oración y recogimiento es una buena defensa... no es una buena excusa la ignorancia”.

Son palabras sabias. Este sacerdote conoce los secretos que guardan celosamente (en el interior de sus almas) sus feligreses. No los revela porque lo prohíbe la promesa de su misión. Él solamente absuelve, impone la penitencia y predica. Lo que más hace es perdonar y dar buenos consejos.

Es un personaje aislado pero fuerte y bondadoso.

A veces Mariana reconoce como parte del amor de Dios a los hombres, las tentaciones: se dan como para dar temple al ánimo del hombre, por eso mismo dice: “Dios me quiere allí. Él solamente está probando mi fortaleza”.

La debilidad de Mariana se sostiene en la duda; en la dualidad de su vida. Escoger entre su vocación religiosa, adquirida desde sus años de niña en el colegio de la monjas salesianas o bien, en el llamado imperioso del amor. Llamado que es al mismo tiempo llamarada.

Rescoldo encendido. Carbón que ha sido brasa. Por eso dice angustiada:

“Dios mío ¿qué está pasando? Esto no me puede estar pasando a mí. Ayúdame a arrancarme del alma lo que siento... No debo truncar mis propósitos... no puedo retroceder... ¿Por qué ahora? ¿Por qué en este momento?... cuando ya estaba definido mi camino... ¡Sálvame, Dios mío! Porque las aguas han entrado hasta el alma... no me anegue la corriente de las aguas, ni me trague el abismo... ni el pozo cierre sobre mí su boca... ¿Dónde estás, Dios mío? ¿Dónde te has metido? Oíme... veme... ¿Dónde estás que te busco y no te encuentro? Que no sea en vano mi lucha... que no sea en vano lo que siento... si tengo que renunciar a algo que ese algo sea lo que cauce menos daño...”

La decisión definitiva sobre el futuro de su vida la tomará Mariana cuando le confiesa al padre Pío, en la escena 8va., del último acto:

Mariana: “¡Amo a Sebastián! Y si reconocerlo es un error, es menos error que el callarlo... y si amarlo es pecado, es mas pecado el morir en vida que morir amando... porque he vivido durante años sin vivir en absoluto... y de repente irrumpe la vida entera y se aglomera en un solo gesto...”

Pero esta decisión valiente e impulsiva, llega tardía.

A Sebastián le ocurre algo parecido. También toma una decisión empujado por la audacia, pero con la dirección opuesta.

Por estas razones, el beso furtivo inicial entre Sebastián y Mariana, observado por la tía Mimi, no volverá a repetirse a la Sombra del palo de mamón.

La autora nos demuestra un profundo conocimiento de los autores clásicos de nuestra literatura y de la extranjera en su libro, no es extraño que con frecuencia nos encontremos referencias a nombres como el de John Milton, Lope de Vega o don Francisco de Quevedo, además de epígrafes de Juan Rulfo y de nuestro Carlos Martínez Rivas.

El género teatral es el más complejo dentro del arte literario, porque además de que en él se juntan todas las creaciones artísticas, nace el hombre personaje con todas sus cualidades, problemas, conflictos, desviaciones síquicas o pasiones que, dependiendo de su situación en la trama, pueden morir o permanecer en escena.

Quizás lo mas trascendente de esta pieza y que merece señalarse, es la relación de más de veinte personajes que en diferentes edades opinan, viven discuten y exponen sus maneras de pensar, así como sus defectos y cualidades.

Esto es muy difícil en teatro. Lourdes Chamorro César, su autora, logra darles la razón de vivir a cada uno porque muchos años anidaron en su imaginación y en su recuerdo.  
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El palo de mamón