JUEVES 7 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23863 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




En letra pequeña

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Fabián Medina
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POBREZA

En el hospital La Mascota una niña agoniza porque necesita 15 frascos de una costosa medicina. Cada frasco vale 500 dólares. O sea, la vida de la niña cuesta 7,500 dólares. Sus padres son pobrísimos. El Estado, por su parte, se dice impotente porque no tiene dinero con qué comprarle la medicina. Mientras tanto, en una oscura Corte de Justicia unos magistrados que ganan 5,600 dólares mensuales se aprestan a declarar inconstitucional la mejor ley que aprobaron los diputados: la de las rebajas salariales que ahorraría un montón de dinero a un Estado que se declara empobrecido cuando conoce casos como el de la niña María José, que muere en La Mascota.



FIESTEROS

Los magistrados, diputados y ministros deberían recordar que la buena vida que se dan, todos esos privilegios con los que viven, esas comilonas, el whisky de las fiestas, los viajes al exterior, no salen de la nada. Para darles a ellos es preciso quitárselo a otros. Como a la niña que muere en La Mascota.



POCO O MUCHO

Cuando el Estado se bolsea para ayudar a una familia como la de esta niña, 7,500 dólares parecen una cifra estratosférica. Sin embargo, cuando es para pagar la fiesta de quienes reparten el pastel, lo toman como una minucia. Por ejemplo, el 26 de marzo del 2000, Arnoldo Alemán se gastó 7,418 dólares en el cabaret Lido de París. Esta cuenta la pagó con una tarjeta de crédito del Estado. ¡Lo que cuesta la vida de la niña se fue en una noche de parranda!



BANDERAS

Dime qué banderas andas y te diré quién eres. Un nuevo código se ha establecido silenciosamente en las calles de Managua. Alguien, más entendido que yo, me lo tradujo así:

Bandera azul y blanca: “Estoy contra el pacto”.

Bandera rojinegra más bandera azul y blanco: “Estoy con Herty, porque soy sandinista, pero estoy contra el pacto”.

Bandera roja más bandera azul y blanca: “Estoy con Montealegre porque soy liberal, pero estoy contra el pacto”.

Bandera rojinegra: “Soy danielista”.

Doble bandera rojinegra: “Soy un danielista duro”.

Bandera roja: “Soy arnoldista”.

Doble bandera roja: “Soy un arnoldista duro”.



DESESPERANZA

Una conversación con un amigo bien informado me dejó desesperanzado. “¿Cuál salida?”, decía para desbaratar mi optimismo. Disolver la asamblea no resuelve nada. La única forma de una solución dura, manu militari, de resolver el asunto es, decía ese amigo, al estilo dictador, como Somoza en el 36, como Hitler en su momento, disolviendo y apresando o eliminando. ¡Dios nos libre! Las elecciones son una buena oportunidad, ripostaba yo. ¡Qué va! Las elecciones las va a ganar quien “ellos” quieran que gane. Y no sólo porque controlan el Consejo Electoral, sino, principalmente, porque “ellos” tienen una maquinaria electoral diseñada a raíz de las elecciones del 96, lista para ganar por las buenas o por las malas.



PESIMISMO

Me seguía diciendo el amigo que las campañas de alfabetización que han iniciado son estrategias electorales, copiando a Chávez que ganó en popularidad después de la alfabetización masiva que organizó, y que Herty Lewites es sólo otro peón de esa estrategia para sostenerse por tantos años que no nos alcanzará vida para conocer el cambio. ¡Vaya si hay tipos pesimistas en este mundo!
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