Los genios de la botella
Sergio Ramírez
La propuesta de que el presidente Bolaños acepte las inconstitucionales reformas constitucionales a cambio de una tajada en la repartición de los suculentos puestos públicos que resultan de esas mismas reformas, es una trampa caza bobos colocada tan a flor de piel que es imposible no verla. Es una invitación hecha en términos del viejo adagio cínico “comé y comamos”.
A estas alturas está claro para el país que lo que está en juego es la institucionalidad, que no se ha visto nunca tan amenazada como ahora. Y la institucionalidad es una garantía de futuro, si es que aspiramos a tener futuro, y no que el Presidente reciba la gratificación de repartir unos cuantos puestos al final de su mandato. Es como la última comida que se ofrece a los condenados a muerte, para que se vayan con la barriga llena, pero no con el corazón contento.
Lo que ha detenido hasta ahora el derrumbe institucional ha sido la reacción ciudadana, ya manifestada en las calles, amparada por la mayoría de los medios de comunicación, por un lado, y la firmeza del Presidente de no aceptar unas reformas viciadas de toda nulidad, impidiendo así que las entidades públicas de servicio pasen a ser parte del menú del pacto. Mientras esa determinación no cambie, no habrá más platos encopetados que servir en la mesa de las reparticiones.
Pero hay otra trampa caza bobos, todavía más a flor de tierra. Frente a la consistencia de los mandos de la Policía Nacional en no acatar resoluciones judiciales de carácter político, y por tanto viciadas de nulidad, se ha hecho la amenaza de crear otra policía, con lo cual habría dos. Semejante propuesta reviste peligros que el país tenía mucho tiempo de no ver, pese a los avatares amargos de su historia.
A través de los arreglos del pacto se está intentando crear un gobierno paralelo, con control de las resoluciones sobre la propiedad, la regulación de los servicios públicos, la concesión de las licencias de estaciones de radio y televisión, la ratificación y destitución de los ministros. Ahora el pacto pretende también tener bajo su mando una policía para someter por la fuerza a quienes quieran desobedecer las resoluciones del pacto mismo emitidas a través de sus jueces. El poder de allanar domicilios, capturar a quienes traten de impedir los allanamientos, ejecutar órdenes de detención, ocupar propiedades, realizar cateos.
Por allí se empieza. Una fuerza pública semejante necesitaría de redes de comunicación, unidades de investigación, archivos de fichas, centros de detención, celdas. Pronto pasaría a practicar interrogatorios, a consumar operativos. Es una policía que tendría que tener escuelas de entrenamientos, rangos, cuarteles, armamento. Y una jefatura suprema, distinta a la del Presidente de la República.
Una entidad armada, de carácter represivo, nacida como necesidad del pacto para hacer cumplir sus designios, que son designios políticos, no tardaría en convertirse en una policía política capaz de seguir los pasos a los disidentes, intervenir correspondencia, teléfonos, correos electrónicos.
Una policía inconstitucional, frente a otra policía constitucional. La Policía Nacional, que a lo largo de años de dura prueba ha sabido ganarse el respeto de los ciudadanos lo mismo que el Ejército, y que se ha consolidado, pese a los pobres recursos materiales con que cuenta, como una institución verdaderamente profesional, es el blanco de esta amenaza. La sola propuesta es una afrenta, y una ofensa gratuita a sus realizaciones y a su trayectoria.
El país, que ha andado ya por muchos caminos, no va a poner el pie sobre semejante trampa, la existencia de dos fuerzas públicas, ambas armadas. Porque de lo contrario, lo que se estaría abriendo son las puertas de una guerra civil. No otra cosa resulta cuando alguien decide que la manera de hacer cumplir lo que quiere, por encima de los intereses de la nación, es tener bajo su mando una fuerza represiva propia, porque eso hace que los que piensan diferente busquen también como armarse, mientras las fuerzas institucionales, ejército y policía, quedan atrapadas en el medio. La historia así lo enseña.
Las propuestas antidemocráticas nunca hay que dejarlas pasar como si se tratara de simples exabruptos. Y entre todas las brillantes producciones que se le han ocurrido a los genios del pacto encerrados en la botella, ésta de crear otra policía es la más maligna de todas.
El autor es escritor/ Managua, julio 2005.
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