MARTES 5 DE JULIO DEL 2005 / EDICION No. 23861 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Conflictos y valentía

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Neguib Kalil Eslaquit

Jesucristo no solamente dice que es lo que se debe hacer, sino también las dificultades que se deben aguardar, y cómo superarlas, cuando vienen por predicar la Palabra de Dios.

Hay una cruda realidad siempre presente, desde el inicio de la predicación del Evangelio: Los peligros que asechan. Y la Palabra de Dios nos enseña que hay que enfrentar los conflictos con valentía. En cierta ocasión Jesús dijo: Miren que los envío como ovejas en medio de lobos. Esto implica también que nos puedan hacer juicios tergiversados, cuando proclamamos con valentía, en medio de nuestra debilidad, una situación de cinismo como la que se vive en nuestra Nicaragua, de parte de un minúsculo grupo ávido e insaciable de poder y de riqueza, pues han perdido hasta la mínima vergüenza y temor de Dios y que pretenden silenciar las voces de millones sin importarles que nuestro pueblo se debate en la miseria y la desesperación.

Y hay que enfrentar los miedos, pues es normal que uno sienta miedo, que surge cuando se capta que la integridad de uno está amenazada, cuando se percibe que dicha amenaza es más fuerte y que se es incapaz de vencerla o superarla, de defenderse o escaparse.

El miedo es una alerta que nos hace ver el peligro que se acerca y que nos hace daño, es normal que temamos, pero también es verdad que tenemos otra clase de miedo, miedo a perder la estima de otros, miedo a que nos difamen, miedo a que nos quitan nuestra tranquilidad, miedo a que nos desacomodemos de nuestras posiciones de bienestar.

El cristiano, no está exento de este tipo de problemas, antes al contrario, por su fe, debemos ir en contravía de los intereses egoístas. Tenemos miedo a hablar en público ante la situación que vivimos, tenemos miedo a que destruyan nuestra integridad física o moral, pero más bien al miedo que debemos temer, es el miedo a perder la salvación, que es la muerte del alma.

¿Qué podemos hacer? Renunciar a confesar nuestra fe y escondernos cobardemente? ¿Aplazar la tarea de anunciar con valentía el Evangelio y acomodarse a lo que está pasando, pues mientras a mí no me toquen, que a los otros se los coman los perros? ¿Quedarse callados? O peor aún, ¿hacernos cómplices?

El ser anunciadores de la palabra de libertad de Cristo nos hace vulnerables, pero Jesús nos repite que no nos debemos doblegar por el miedo, de manera que al tratar de salvar nuestras vidas y conservar privilegios, nos volvamos desleales e incompetentes en la tarea encomendada de luchar por vivir lo que predicamos.

No nos dejemos apabullar, que las amenazas no nos silencien, no nos intimiden, no nos cohíban. Al contrario, debemos gritar con mayor fuerza, centrada la mirada en Cristo, la situación de injusticia que vive la inmensa mayoría de nuestra gente. La “excesiva prudencia” se puede confundir, en situaciones como las que hoy vivimos en Nicaragua, en temor. No podemos callar para evitar confrontaciones. Hay poderes que pueden matar el cuerpo, que pueden silenciar las voces, pero no matar el alma. Jesús nos invita a tener coraje.

El autor es Sacerdote Católico y Abogado Canónico.
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