¿Crece el rechazo a impuestos?
Sergio Vélez Astacio
Nos guste o no, los impuestos forman parte de la vida. Desde el inicio de la civilización los gobiernos han ideado todo tipo de tributos.
Los antiguos britanos, en pugna con Roma, alegaron: “Hubiéramos preferido que nos mataran a tener que vivir con la carga de un impuesto”. En Francia la indignación que suscitó la gabela, tasa con que se gravaba la sal, fue uno de los detonantes de la Revolución Francesa, en la que se guillotinó a los recaudadores. Asimismo, la política fiscal fue decisiva en la guerra de la independencia estadounidense, lucha en la que se enfrentaron los colonos contra Gran Bretaña.
No sorprende, pues, que los impuestos sigan generando rechazo. A juicio de los entendidos, los sistemas tributarios de las naciones en desarrollo son “ineficientes e injustos”.
Pero los pobres no son los únicos que se resisten a pagar. Una encuesta realizada en una parte del país reveló que numerosos contribuyentes acomodados, “no quieren pagar más, aunque esto suponga que las autoridades no mejoren los servicios necesarios”.
Los impuestos también sirven de estrategia para desincentivar determinadas conductas. Por ejemplo, se supone que las tasas sobre las bebidas alcohólicas reducen su consumo excesivo, razón por la cual en muchos países hasta el 35 por ciento del precio de venta al público de la cerveza va a parar al Estado.
El tabaco también está sujeto a un fuerte gravamen. En Sudáfrica asciende del 45 al 50 por ciento del precio del paquete de cigarrillos. Sin embargo tales medidas no siempre nacen de un interés puramente altruista, la verdad es que el tabaco es una fuerza económica poderosa que genera una buena cantidad de millones de dólares en concepto de ventas y otros tantos en términos de impuestos. Un ejemplo notable de estrategia social se observó a principios del sigo XX cuando los legisladores estadounidense buscaban una manera de evitar la formación de dinastías millonarias. Para impedirlo, crearon un impuesto sobre sucesiones, mediante el cual cuando muere alguien rico el gobierno se queda con buena parte de su patrimonio. Los defensores de dicha tasa alegaron que de esta manera “los recursos no permanecen en el entorno familiar, aristocrático, si no que reciben un uso más cívico y democrático”.
Los impuestos sobre la renta de carácter progresivo, mencionados antes, constituyen otra modalidad de estrategia social, pues pretenden reducir la brecha entre ricos y pobres.
Cuando se propone un nuevo impuesto, los legisladores tratan de no dejar lagunas legales, pues conviene recordar que hay mucho dinero en juego. Como resultado, las leyes fiscales tienden a ser complejas y muy técnicas, por ejemplo gran parte de la dificultad de la normativa tributaria de Estados Unidos estriba en “definir que es la renta” —es decir, qué ingresos son gravables y cuáles no—, además de la multitud de deducciones y exenciones”.
Pero éste no es el único país con una normativa complicada, también lo es Nicaragua que a lo largo de su historia como país independiente, los gobiernos de turno han creado impuesto dictando leyes tributarias de acuerdo a las necesidades básicas del Estado.
Desgraciadamente al final de cuentas por los vaivenes de nuestra economía nacional, maltratada sin misericordia es que crece el rechazo a los impuestos porque éstos siguen aumentando.
Lamentablemete nuestros más altos funcionarios, incluyendo a los diputados, distan mucho de ser ejemplos que motiven a los ciudadanos comunes a obedecer las leyes fiscales.
El autor es Asesor Fiscal.

|