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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 2 DE JULIO DE 2005
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La insurrección solitaria

Carlos Martínez Rivas

La sulamita

En bata todo el santo día.
Muy sola y en sus cosas pero
con aire de saberse dos.

Flaca, secreta y rocallosa.
Sin hablar, cortando papeles
y pegándolos. Hogareando.
Confiando sólo en su marido
detestando los visitantes.

En bata todo el santo día
soporta la felicidad
bajo su camisa de noche.



Cuerpo Cielo

Tocar un cuerpo es tocar
el Cielo —quiere decir esto:
Cuerpo ni La Maja es visible.
Forma renuente que se expone
contra lo oculto que se entrega
cuerpo desnudo está cerrado.
Sordo al dedo, a la consciencia
esquivo, murado al contacto.

Lo que quiso decir Novalis.
Es intocable el cuerpo humano
como el Cielo es intocable.

¿O que será tocado sólo
cuando tocáramos el cielo
y tocar cielo es tocar cuerpo
y sólo entonces como puerto?

Fórmula Cuerpo Cielo Cero.



Hogar con luz roja

a Pilar y las chicas

Los escalones de madera, inseguros
para el extranjero en la oscurana, son
fácil camino para el hijo.
Alrededor de la mesa, congregada
juega a las cartas la familia; las fichas
chocan en el centro del tapete en donde
cae la luz. Discreta zumba la radio.
Porque es pacífico este hogar, temeroso,
y sólo al amor consagrado.
Llega el hijo y los hermanos del hijo
y las hermanas de los hijos acuden
a la llamada del timbre, y esperan
dichosas, con agitado pecho, en medio
del saloncito de mobiliario eterno:
los cojines color naranja y el cromo
con la góndola de Cleopatra en el Nilo.



San Cristóbal

— ¿Hay paso? —gritó el niño
mirando hacia lo oscuro
en los últimos límites
de lo bruto.

Y no oyó nada, sino
la lluvia
cayendo en el abismo.

Sólo la pesantez eterna
ha respondido
honda y negra,
al niño.

— Tal vez es que no viene
nadie aquí —cuando vio unos
tizones apagándose,
mojados bajo el humo.

Y llamó otra vez
hacia el gran hoyo mudo.
Retó al caos palurdo.
Golpeó en su oído duro.

Y apareció un farol.
Se le acercó la noche,
cabeceando.
El pie descalzo, enorme,
removió el agua fría
y dormida.

El niño vio el reflejo del farol cruzando el río.
Sacudido
y soñoliento sobre
el alto hombro macizo.



El desertor o ¡Que Dios te valga!

— Por donde vaya tú me faltas.
Por donde huya tú eras blanca
—fueron mis últimas palabras.

Diligentemente la savia
trepa verdeando las ramas
y el ardor del verano es agua
en la pileta de mi casa,
¡aquí en Granada!

Sólo tú andas rival y alta.
Sin donde, sin nadie, sin nada.

Tomado de La insurrección solitaria. Selección de Marta Leonor González.  
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