Beso para la mujer de Lot
Carlos Martínez Rivas
Y su mujer, habiendo vuelto la vista atrás, trocose en columna de sal. Génesis, XIX, 26
Dime tú algo más. ¿Quién fue ese amante que burló al bueno de Lot y quedó sepultado bajo el arco caído y la ceniza? ¿Qué dardo te traspasó certero, cuando oíste a los dos ángeles recitando la preciosa nueva del perdón para Lot y los suyos?
¿Enmudeciste pálida, suprimida; o fuiste de aposento en aposento, fingiéndole un rostro al regocijo de los justos y la prisa de las sirvientas, sudorosas y limitadas?
Fue después que se hizo más difícil fingir.
Cuando marchabas detrás de todos, remolona, tardía. Escuchando a lo lejos el silbido y el trueno, mientras el aire del castigo ya rozaba tu suelta cabellera entrecana.
Y te volviste.
Extraño era, en la noche, esa parte abierta del cielo chisporroteando. Casi alegre el espanto. Cohetes sobre Sodoma. Oro y carmesí cayendo sobre la quilla de la ciudad a pique.
Hacia allá partían como flechas tus miradas, buscando... Y tal vez lo viste. Porque el ojo de la mujer reconoce a su rey aun cuando las naciones tiemblen y los cielos lluevan fuego.
Toda la noche, ante tu cabeza cerrada de estatua, llovió azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Al alba, con el sol, la humareda subía de la tierra como el vaho de un horno.
Así colmaste la copa de la iniquidad. Sobrepasando el castigo. Usurpándolo a fuerza de desborde.
Era preciso hundirse, con el ídolo estúpido y dorado, con los dátiles, el decacordio y el ramito con hojas del cilantro.
¡Para no renacer! Para que todo duerma, reducido a perpetuo montón de ceniza. Sin que surja de allí ningún Fénix aventajado.
Si todo pasó así, Señora, y yo he acertado contigo, eso no lo sabremos.
Pero una estatua de sal no es una Musa inoportuna.
Una esbelta reunión de minúsculas entidades de sal corrosiva, es cristaloides. Acetato. Aristas de expresión genuina. Y no la riente colina aderezada por los ángeles.
La sospechosamente siempreverdeante Söar con el blanco y senil Lot, y las dos chicas núbiles, delicadas y puercas. 
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