Carlos Martínez Rivas: Diarios íntimos
 |
|
 | El poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, por medio de sus apuntes, se revela como un hombre en constante búsqueda. La poesía y las artes plásticas aparecen como dos preocupaciones permanentes en él |
|
|
| |
Marta Leonor González
En el fenómeno llamado arte deben concurrir tres elementos: artista, obra de arte y contemplador. La presencia de los tres es indispensable para que se verifique el fenómeno artístico. Y es ante la presencia de estos factores que todo creador va cuestionando al mundo. El caso de Carlos Martínez Rivas no es aislado, sus diarios de París y Nueva York escritos entre 1948 y 1951 lo revelan como un hombre cuestionador y cuestionado por su entorno en el que vivió en permanente búsqueda.
LA REAFIRMACIÓN DE LA AMISTAD
Los escritos reflejan una afirmación de lazos de amistad, tal es el caso de su tercer diario escrito en Nueva York en julio de 1951 que expresa: “Este, tercero de mis diarios, está dedicado a Mimí Hammer, primera de mis amigas”.
Otros apuntes como el diario de París de ese mismo año, señalan su gran amistad con escritores y pintores (como Cornejo), Octavio Paz, Elena Garro, Don Jaime del Valle Inclán, Julio Cortázar, Blanca Varela, Fernando de Szyslo, Ernesto Cardenal y otros, como la familia Acaïe.
Y dejan las referencias de cartas enviadas a Carlos Martínez Rivas; tal es el caso de la correspondencia entre la poeta peruana Blanca Varela: “Recibí carta de Blanca Varela, estoy contento, me he quedado despierto, se me ocurrió que podría revisar algunos borrones y elegí el que tenía nombre de ese pequeño cuadro de Gerard David que vi en el Museo de Berlín”. (Nacido en Flandes en 1523, era uno de los artistas más conocidos en Brujas. Su estilo suave y sin sorpresas tuvo mucho éxito entre la burguesía de comerciantes que encargaba obras de arte para sus casas).
Otro aspecto que preocupa en sus diarios de París, es la correspondencia que no recibe de Nicaragua “Estoy inquieto, pues ni mi mamá, ni la Mimí H. me han respondido mi carta del 15 de febrero. Ya quiero marcharme”.
LOS DÍAS PASAN
Casi siempre en sus anotaciones, Martínez Rivas iniciará hablando de cómo anochece cada día y las posibles actividades que emprenderá, la jornada diaria tendrá para él un sentido especial por lo que hizo (bebió vino, cantó con guitarra hasta la madruga y habló de arte con sus amigos y amigas) y por lo que dejó de hacer.
Sus argumentos, sus confesiones serán los de un hombre hastiado por el paso de los días, un bohemio, el eterno trasnochador que despierta tarde, pero que siempre tiene un plan, corregir sus poemas.
En clara alusión CMR habla de esos días en Francia (Jueves, 1 de marzo, 1951): “Me he levantado a las 12 y media. Estoy temblando, debo tomar una copa de vino”.
LOS SUEÑOS: LA PANTERA
Carlos Martínez Rivas, atormentado por un sueño, lo describe en su diario (23 de junio): “Hoy es domingo y dentro de seis días parto a Nueva York. Soñé anoche con mi casa leonesa otra vez. Esta vez una leona, una bella pantera blanca con mucho negro en forma de trébol sobre la piel. Estoy en mi casa en la cocina y una muchacha tocaba la cítara. Y me desperté triste”.
Luego, en la siguiente página de ese día, el poeta habla de su viaje: “No he empacado nada para el viaje, tengo que guardar todos los libros”.
Y los sueños transcurren con los días, las pesadillas se apoderan del poeta y él describe: “Volví no sé por qué a soñar que en el sueño me salía por la boca hilo largo blanco y mojado que no cesaba”.
Otros episodios de sueños, serán anotados por el poeta, pero sólo los menciona como “hoy he tenido sueños lúdicos”, sin mencionar nombres y detalles.
LOS MUSEOS
Sus notas reflejan los recuerdos de España, referencias hacia el año de 1945, época en la que emprende en España estudios de Filosofía, Letras e Historia del Arte.
Los apuntes de París reúnen un solo espíritu, su afán permanente de búsqueda de motivos, temas y nuevos recursos expresivos.
La visita a los museos, ateliers de pintores, tertulias, serán sus referencias en los dos diarios; París y Nueva York (mientras se ocupa de la elaboración de ese prodigio que es su obra poética, La insurrección solitaria y que describirá en su diario a su llegada a Nicaragua: “He venido con varios manuscritos de La insurrección solitaria debajo del brazo y una maleta, poemas que volveré a leer”.
En los museos en sus viajes por Francia y Estados Unidos, desarrolla permanentemente su meticuloso sentido de la observación y el análisis.
En el Museo Metropolitano de Nueva York, hace un recorrido y contempla los grabados sobre el arte de torear de Francisco de Goya, de finales del XVIII, lo mismo que hace algunas anotaciones sobre Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa (1864), pintor, grabador y dibujante francés, que más adelante aparecerá como motivo de uno de sus poemas Un Toulose-Lautrec en Pancasán de Granada. Las anotaciones de las visitas a los museos serán para Carlos Martínez Rivas, referencias inmediatas en sus poemas, notas al margen de una vida deseosa de conocimiento, aparecerán en estas notas los recuerdos de sensaciones intensas, frente a las obras de arte del siglo XVIII y XIX.
Los diarios de París y Nueva York de 1951, son una referencia directa a la vida que Martínez Rivas, su gusto por el vino, sus pesadillas, la vida de un hombre solo, un poeta que se alimenta de todo lo que vive y que está escrito en más de 400 páginas de libreta.
OBRA INÉDITA
Los diarios correspondientes a 1951 de París y Nueva York, representan parte de la obra inédita de Carlos Martínez Rivas, al igual que algunos de los poemas publicados en esta edición con la cual se pretende contribuir al conocimiento de su obra. Presentamos, por tanto, una breve muestra del pensamiento que dejó en sus diarios y que dieron origen a muchos de sus poemas que lo consagran como un poeta sin par después de nuestro Rubén Darío.
El frío
Y la transfusión de sangre de los Museos
Carlos Martínez Rivas
El frío. La impiedad del frío. Impiedad que hizo arquearse las hirsutas cejas de Schopenhauer: — “¿Por qué querer ser tan frío el frío?”— (PARERGA y PARALIPÓMENA).
La impiedad del frío, que aflige con sabañones las hinchadas, enrojecidas manos del labriego en Castilla la Vieja: Burgos Soria Ávila... Allí la vida es sólo afán ahínco esfuerzo fatiga frío.
La impiedad del frío en París. Buhardillas con la estufa de hierro helada; en las que, en amaneceres fríos, despuntó el Arte Moderno. Inventado por parias que con dedos ateridos lo concibieron y forjaron. Confortando, el calor del sol de los Museos, a sucesivas generaciones; que en piadoso intervalo de ávidos vistazos, por un segundo, se escabullen de la impiedad del frío:
a la que está sujeta toda carne.
DIARIOS ÍNTIMOS. Cuaderno Tercero. Museum of Modern Art. New York City, 1951. Dedicado, a MIMI HAMMER. 
|