LUNES 28 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Una obediencia ciega

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Iván de Jesús Pereira

Las recientes reformas a la Constitución Política del Estado fueron pasadas sin lugar a dudas guardando los cánones que la misma Constitución prescribe.

La Ley del Presupuesto General de la República fue aprobada guardando los mismos cánones legales.

La amenaza al Presidente de la República de quitarle el control de La Gaceta se hubiese materializado respetando también el procedimiento que señalan la Constitución y los demás reglamentos. En otras palabras son actos de una legislación promulgada y positiva que nos impele al cumplimiento del deber.

Sin tener que examinar el contenido y la trascendencia de las mismas lo que nuestros políticos nos están brindando es el cumplimiento de nuestro deber ciudadano, la obediencia a la ley. Una obediencia ciega, que se satisface con el ropaje legal que encubre. Todo queda cubierto bajo lo cosmético de lo legal y lo que se produce, es esa obediencia de títeres o lo que es lo mismo “obediencia de cadáveres”.

Los gobiernos totalitarios son expertos en esta clase de asuntos, les gusta llenar los requisitos legales, guardar las apariencias, poniendo el indumento de lo jurídico para esconder en el fondo lo arbitrario que perpetran. Una ley es una ley y hay que obedecerla, sin importar que la misma esconda en el fondo un genocidio.

La mayor pregunta que se hizo en Nüremberg a los criminales del más grande genocidio que ha conocido la humanidad fue: “¿Cómo es posible que todos ustedes, honorables generales, siguieran al servicio de un asesino, con tan inquebrantable lealtad?”

Cuando se examina adónde está conduciendo el actual pacto entre ambos caudillos, y el hombre común de la calle empieza a visualizar con claridad el posible regreso al poder del sandinismo con todas sus consecuencias, uno se pregunta: ¿Cómo es posible que todos esos honorables señores de la cúpula del Partido Liberal no se den cuenta hasta dónde están entregando el país al sandinismo?

Si el doctor Alemán en su condición de reo, en su ambición de poder o en su revanchismo al ingeniero Bolaños no mide las consecuencias que en lo político, económico y social está trayendo todo este pacto para el país, ¿cómo es posible que una serie de honorables personas que se encuentran alrededor de él no puedan indicarle al abismo a que nos conduce?

El liberalismo tiene fresca la lección del año 79, cuando un partido, un ejército y una clase dirigente fueron incapaces de reaccionar ante la torpeza de un tirano.

Con la excepción del doctor Ramiro Sacasa Guerrero y de otros personajes, el Partido Liberal fue como un borrego, directo al despeñadero. Todavía los gritos en la Plaza de la República a Somoza de: “No te vas, te quedás”, resuenan en la lejanía de la memoria.

Los que siembran vientos cosechan tempestades y esa “obediencia de cadáveres le costó al liberalismo la derrota, el exilio y la muerte”.

La reforma a la Constitución lo que consagra es una simple dictadura bicéfala, en la que predomina la voluntad de don Daniel Ortega. La reforma al Presupuesto General de la República lo que pone en peligro es el plan de estabilidad económica y la entrada a la HIPC, que es la puerta que nos lleva al desarrollo.

No darse cuenta de las consecuencias de estos hechos es sencillamente estar ciego o actuar como borregos.

Los liberales que están alrededor del doctor Alemán tienen el ejemplo del doctor José Madriz, que combatió al zelayismo teniendo que pagar con el exilio. Por su inquebrantable honestidad, por su alma de patriota por su compromiso con la República, Zelaya lo llamó como el más impoluto para que en la hora cero salvase a la Patria.

Ellos tienen la alternativa: o pasan ante la historia como hombres honrados, como liberales de principios, o como hombres que inclinan su cerviz ante el caudillo de turno.

El autor es abogado
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