¿Comenzó la silenciosa carrera por la sucesión?
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Guardián del dogma. El cardenal alemán Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es visto por algunos como una poderosa figura que puede ser decisiva en la selección del futuro Papa.
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Christian Spillmann CIUDAD DEL VATICANO/AFP
La segunda hospitalización de Juan Pablo II en menos de un mes reavivó la carrera a la sucesión y las intrigas de los purpurados del colegio cardenalicio, relegados a la sombra por la guardia personal del Papa.
Si bien oficialmente nadie pretende suceder a Juan Pablo II, todo el mundo es consciente de que el próximo Papa se encuentra entre los actuales cardenales.
En reuniones, almuerzos y ceremonias se trabaja como si nada pasara, pero todos saben que hay que prepararse a una elección para suceder a uno de los pontífices más carismáticos y de mayor peso de los últimos tiempos.
“Es irresponsable no pensar en el sucesor del Papa, ya que está muy débil”, declaró este domingo el cardenal estadounidense Francis George.
El cardenal italiano Mario Francesco Pompedda, de 75 años, prefecto emérito del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, lamentó recientemente que los cardenales con cargos en la Curia Romana hayan dejado de reunirse en el llamado Consejo de Ministros.
El prelado criticaba indirectamente el poder adquirido por dos personajes mientras el Papa se encuentra enfermo: el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, encargado del gobierno central, y el secretario privado de Juan Pablo II, monseñor Estanislao Dziwisz, la persona de confianza que lo asiste desde hace 40 años.
El creciente poder del cardenal Sodano irrita a algunos sectores de la Iglesia y con su política refuerza la posibilidad de ser un “papable” creíble, según fuentes vaticanas.
Juan Pablo II, que en más de un cuarto de siglo de pontificado reformó buena parte de las instituciones eclesiásticas, amenaza en el capítulo VI de la Constitución vaticana de 1996 con la excomunión a los cardenales que hayan establecido acuerdos antes de la elección o pactos sobre compromisos que respetarían en el caso de que uno de ellos accediera al pontificado.
En principio, tres cardenales podrían influir en la eventual votación del sucesor de San Pedro: el alemán Joseph Ratzinger y los italianos Dionigi Tettamanzi y Angelo Scola, todos ellos europeos.
“La sucesión de Juan Pablo será un asunto italiano”, afirmó a la AFP un experto.
“Después de Juan Pablo II todos van a querer a un italiano, para que no revolucione la Iglesia ni moleste a nadie, lo que ocurriría con la elección de un estadounidense, un alemán o un francés”, explicó.
“No estoy seguro de que el Colegio de Cardenales electores quiera correr el riesgo de elegir a un extranjero, que no conoce tan bien el manejo de la Curia Romana como un italiano”, afirmó.
Pero muchos recuerdan que antes de la elección del primer Papa polaco de la historia, en octubre de 1978, figuraban entre los favoritos dos italianos que no lograron el consenso.
“Entonces, el cardenal Ratzinger desempeñó un papel clave en la elección del arzobispo de Cracovia, el cardenal Wojtyla”, señaló.
Entre los llamados a ser Papa, figura el arzobispo de Milán, Tettamanzi, de 70 años, quien podría representar lo que llaman “un papado de transición”.
“Es un pastor, un intelectual, un político y alguien cercano a Juan Pablo II con ideas nuevas”, explicaron varios vaticanistas.
El otro favorito es el patriarca de Venecia, el cardenal Angelo Scola, de 63 años, considerado como un “moderado”.
De 120 cardenales con derecho al voto, Italia cuenta con 20 purpurados, el país con mayor número de representantes.
Pero el “gran elector”, el hombre que maneja una mayoría de votos, sigue siendo Ratzinger, de 77 años, el “guardián del dogma” y uno de los purpurados más cercanos a Juan Pablo II.
Decano del Sagrado Colegio, el gran censor de la teología de la liberación, que ha dicho no al sacerdocio femenino, es una “autoridad notoria y un hombre de poder”. Su voto será clave, afirmaron las mismas fuentes.

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