Legado creativo de Jorge Luis Borges
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Jorge Luis Borges. |
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Henry A. Petrie
I “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, dijo ese gran escritor argentino Jorge Luis Borges (1899 – 1986). Más que una frase es una sentencia célebre. Ese mismo hombre a quien su coterráneo Ernesto Sábato pidió su opinión acerca de Dios, respondió que se trataba de la máxima creación de la literatura fantástica. “Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imaginó la teología. La idea de un ser perfecto, omnipotente, todopoderoso es realmente fantástica”.
¡Sabrán los suecos por qué no otorgaron el Nobel de Literatura a Borges! Su obra, vasta y sólida, ha sido traducida a veinticinco idiomas, llevada al cine y a la televisión, con muchas distinciones alrededor del mundo y el Premio Cervantes 1980. Tradujo al castellano a importantes escritores norteamericanos y europeos. Pero claro, él no escribió buscando fama ni premios, éstos llegaron a él por su constancia y persistencia.
Máximo representante del Ultraísmo en Latinoamérica, movimiento de vanguardia al que se vinculó en 1919 en España, cuya manifestación fundamental fue contra la poesía modernista: “La belleza rubeniana es ya una cosa madura y colmada...”. La metáfora fue su elemento de gran importancia, así como el rechazo a las formas tradicionales —normas ortográficas y de puntuación—. La experimentación con el lenguaje representó la búsqueda de la libertad.
Fervor de Buenos de Aires (1923), su primer libro de poemas —a partir de este momento sufrió un proceso de pérdida de la vista—; con Historia universal de la infamia (1935) inicia su carrera de narrador. Entre el cúmulo de sus libros, según el propio Borges, los más importantes son Ficciones (1944) y El Aleph (1949).
Fue criticado por evadir la realidad en sus relatos, quizá en el ánimo de circunscribirlo en un concepto estrecho de ésta. En su creación literaria, lo multidimensional y multiversal se conjuga con lo particular y profundo, donde lo circundante constituye unidades ópticas integradas al Todo, juego prismático, impresiones objetos, interconectadas. ¿Qué es la realidad para Borges? La biblioteca como universo y caos, tratando de concebir “un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás” (La biblioteca de Babel).
Quizá ambiguo, contradictorio y hasta absurdo, su mundo. ¿Acaso sólo la ficción, lo fantástico? La realidad suele serlo y no siempre es lógica. En todo caso, distintas realidades viven en el escritor, mas de él dependerán sus preocupaciones fundamentales con relación a sus congéneres. Y en Borges las hubo de carácter social, reivindicó la identidad argentina y porteña, esa Babel de su tiempo, con bruma europea, expresión del sincretismo cultural en la América Latina. La metáfora sugiere realidades, es cualidad del cosmos, de la vida. En sus relatos hay tiempo y espacio alterados, mundos simbólicos, fantásticos y alternativos. Historias construidas a partir del reflejo, hasta colmar el enigma. Laberíntico y metafísico. Exigente con el lector.
Para algunos resulta incomprensible la filosofía en la poesía, o la poesía en la filosofía. Borges fue ambas cosas, fundiéndolas, porque el enigma está en todo, en el ser en cuanto tal. Como hombre de letras reflejó su “propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.
II Jorge Luis Borges, Textos recobrados —1919 / 1929-—(Emecé, 2002; 462 págs.), constituye un importante aporte al conocimiento de la obra completa del argentino durante sus primeros diez años como escritor profesional.
La exhaustiva labor de investigación y recopilación de Irma Zangara, reúne piezas testimoniales de los “primeros pasos en el manejo de los signos” de Borges, dispersos en diarios y revistas, correspondencias e intercambios sostenidos como parte de su dinámica intelectual.
En el libro se encuentran antologías, artículos, cartas, encuestas y entrevistas, manifiestos y proclamas, parodias, poemas, prólogos y epílogos, prosa poética, relatos, reseñas, traducciones y un epílogo de Zangara. Se incluyen cuatro índices: temático, cronológico, alfabético y general.
Se aprecian momentos significativos del debate intelectual de la década referida, así también críticas y elaboraciones teóricas de Borges y su grupo acerca de la estética, el Ultraísmo, el Expresionismo, Gongorismo, Dadaísmo, etc. En tal sentido, destacan los manifiestos y proclamas, que entre otros conceptos, extraigo:
— “Existen dos estéticas: la estética pasiva de los espejos y la estética activa de los prismas. Guiado por la primera, el arte se transforma en una copia de la objetividad del medio ambiente o de la historia psíquica del individuo. Guiado por la segunda, el arte se redime, hace del mundo su instrumento, y forja —más allá de las cárceles espaciales y temporales— su visión personal. (...) Ésta es la estética del Ultra.” (Manifiesto del Ultra; Textos recobrados, p. 86).
— “Nosotros los ultraístas en esta época de mercachifles que exhiben corazones disecados y plasman el rostro en carnavales de muecas, queremos desanquilosar el arte. (...) Hemos sintetizado la poesía en su elemento primordial: la metáfora, a la que concedemos una máxima independencia, más allá de los jueguitos de aquéllos que comparan entre sí cosas de forma semejante, equiparando con un circo a la luna. Cada verso de nuestros poemas posee su vida individual y representa una visión inédita”. (Proclama; Textos recobrados, p. 123).
— “Hastiados de los que, no contentos con vender, han llegado a alquilar su emoción y su arte, prestamistas de la belleza, de los que estrujan la mísera idea cazada por casualidad, tal vez arrebatada, nosotros, millonarios de vida y de ideas, salimos a regalarlas en las esquinas, a despilfarrar las abundancias de nuestra juventud, desoyendo las voces de los avaros de su miseria”. (Manifiesto; Textos recobrados, p. 150).
— “Declaramos, pues, que la nueva generación no está limitada por la fatalidad temporal y biológica y que vale más para nosotros un anciano batallador y fecundo que diez jóvenes negativos y frívolos”. (Proa; Textos recobrados, p. 190).
Teniendo en cuenta ciertas manifestaciones en nuestro ámbito literario nacional, sobre todo a quienes hacen gala de soberbia y frivolidad, de “nuevos genios”, resulta interesante atender las reflexiones borgianas acerca de su propio proceso creativo, siempre inconforme y autocrítico, sólido en sus fundamentos sin “literaturizarse”, quitando y poniendo, buscando o construyendo el símbolo, libre en su albedrío, preciso y austero en sus poemas, de estructuras narrativas no convencionales, irónico, profundo en su lírica.
Baste ver esa labor persistente en sus textos, a pesar de sus iniciales publicaciones, porque el creador también destruye, y recrea, quita lo que cree mal puesto o malogrado, adiciona el signo preciso, ese que encontró en ardua búsqueda —imaginemos un escenario como el de Piedra Quemadas, Carretera a Masaya, bajo el sol inclemente del mediodía, buscando entre piedras y polvo, hasta que el poeta ha logrado su obra—. Así podremos apreciarlo en Textos recobrados, los cambios que operó en varios de sus poemas de la época, entre ellos: Catedral (pp. 88 y 142), Guardia roja (pp. 91 y 121), Sábado (pp. 159 y 160) y Rusia (pp. 56 y 57). Ejemplos de constancia del escritor en su anhelo por un “arte que traduzca la emoción desnuda, depurada de los adicionales datos que la preceden” (Anatomía de mi ultra; Textos recobrados, p. 95).
Por lo general, en el estudio de los grandes de la literatura, se nos presenta al escritor consumado, a esa suerte de genio que ha sido capaz de crear una vasta y rigurosa obra. Quizá la bondad y gran mérito de este libro, sea mostrarnos el trayecto recorrido por Borges hacia su horizonte literario, viviente y dinámico, forjando lo esencial, la “síntesis acabada de una sensación de una impresión del mundo externo o espiritual, de un estado del alma...”
Managua, febrero 2005. 
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